Él se mantuvo como un simple espectador, incluso se tomó el tiempo para servirse una copa de vino, sin sentir ni una pizca de remordimiento por lo que estaba sucediendo.
Cualquier cosa era mejor que dejar que esa imprudente de Silvana lo arrastrara al abismo.
Cuando todo terminó.
Silvana había experimentado el dolor físico más atroz de su vida. Temblaba convulsivamente de pies a cabeza, cubierta de sudor frío y en un estado absolutamente miserable.
En sus ojos solo había terror y sufrimiento.
El as en la manga que llevaba en su vientre... había sido arrancado de raíz.
Le habían limpiado el útero sin dejar el más mínimo rastro, borrando cualquier evidencia de que alguna vez hubo un hijo de Claudio ahí dentro.
Se quedó sin cartas para jugar.
Y peor aún, la excusa para posponer su encarcelamiento acababa de desvanecerse.
Iba a enfrentarse a un infierno mucho más sombrío.
—Nadie sabrá de lo que pasó hoy, y aunque abrieras la boca, nadie te creería —se burló Cecilia fríamente, inclinándose para darle unas palmaditas en la mejilla—. Silvana, debiste haber sabido que el karma te iba a alcanzar.
La mirada de la joven estaba totalmente vacía.
Claudio frunció el ceño, observándola con absoluto asco:
—Qué maldita molestia. Ni siquiera sé cómo logró meterse, suerte que mi área está alejada y cerca de la puerta trasera. De lo contrario, habríamos alertado a mi abuelo.
Al decir esto, se giró hacia Cecilia:
—¿Y ahora qué hacemos con ella?
Evidentemente, Cecilia no iba a dejar cabos sueltos:
—Ya llamé a alguien para que se deshaga de ella. De todas formas, ahora mismo todos la odian allá afuera; a nadie le va a importar si vive o muere.
¿Querer delatar a su hijo por filtrar secretos corporativos? ¡Eso era firmar su sentencia de muerte!
Sin embargo, aunque la dejara morir, no iba a permitir que su fin fuera indoloro.
¡Tenía que cobrarse todas y cada una de las ofensas!
—Ustedes... —murmuró Silvana con el espíritu quebrado, intentando arrastrarse desde el tatami para huir. La desesperación la envolvía por completo; jamás se imaginó que viviría un horror semejante.
Quería escapar.
Pero Cecilia ya tenía todo bajo control.
—Sáquenla sin hacer ruido, que no se enteren en el frente. Y asegúrense de que mantenga la boca cerrada para siempre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...