Vera no se esperaba para nada que fuera Sebastián.
Y pensar que, apenas unos segundos antes, le había dicho a Lina que le dijera "papi"...
Eso hizo que su espalda se tensara de forma imperceptible, aunque en su rostro mantuvo la calma, sin dejar de cortar la manzana.
—¿Tú qué haces aquí? Pensé que era Adriano.
Como Sebastián aún no podía ponerse de pie ni caminar, se movía en una silla de ruedas eléctrica. Había entrado sin hacer casi ningún ruido. Al oír las palabras de Vera, sus oscuros ojos se volvieron inexpresivos.
Simplemente ignoró su comentario.
Manejo la silla de ruedas directamente hacia el lado de la cama de la pequeña.
—¿Hay algún otro lugar en el que sientas molestias?
Le preguntó a Lina.
Los grandes y limpios ojos de la niña se pasearon primero por su madre y luego se detuvieron en el rostro de Sebastián. Tenía la sensación de que algo no encajaba.
Pero no sabría explicar exactamente qué.
Negó con la cabecita.
—Estoy mucho mejor.
Hizo una pequeña pausa; sus ojos observaban fijamente a Sebastián. En su pequeño mundo había una inquietud que necesitaba resolver, así que preguntó sin rodeos:
—¿No tenías miedo?
—¿De qué? —respondió él, mirándola.
Lina alzó las manitas, haciendo un gesto para marcar la mayor altura posible.
—Era demasiado alto. ¿Por qué te lanzaste a rescatarme?
Esa era la parte que su mente infantil no lograba procesar.
¿Por qué este señor lo dio todo sin dudarlo? ¿Acaso en el mundo de los adultos todos eran así de bondadosos?
Vera frunció ligeramente el ceño.
No esperaba que este hombre adulto y la pequeña niña se pusieran a platicar con tanta naturalidad.
Sebastián pareció meditar la respuesta en serio.
—Ahora que lo pienso, sí, era bastante alto. Pero en ese momento no tuve tiempo para ponerme a pensar si tenía miedo o no.
—¿A ti te agrado mucho, tío? —preguntó Lina con total franqueza—. ¿O fue por mi mamá?
Sus enormes ojitos revolotearon un momento, y entonces, de manera inesperada, soltó:
—¿No será que lo hiciste porque te gusta mi mamá?
Un silencio absoluto se apoderó de la habitación.
Vera jamás se imaginó que la mente de la niña llegara a conclusiones de ese tipo.
Y que además, se atreviera a preguntarlo de forma tan cruda.
Inconscientemente miró a Sebastián. Estaba a punto de usar la excusa de que "los niños dicen lo que piensan sin filtro", cuando notó que la expresión de él seguía inalterable. Más aún, le preguntó de vuelta con interés:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...