¡Pum!
En cuanto las palabras salieron de la boca de Emir, Benedicto se puso de rodillas.
Aunque no estuvo ahí cuando los medios atacaban a Cordelia, seguía teniendo miedo.
La ira del Señor del Imperio no era algo que la familia Sandoval pudiera soportar. Tenía que hacer todo lo posible para ganarse su perdón.
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
Al ver que el jefe de la familia Sandoval ya se había puesto de rodillas, el resto de los reporteros no se atrevieron a seguir de pie y también se arrodillaron.
Era un espectáculo grandioso.
Emir se acercó a Gavino y le preguntó con frialdad:
—¿No tienes nada que decir?
—Lo confesaré todo. Todo lo que dije antes era mentira. Camilo dijo que iba a ayudarme a pagar mi deuda —aclaró Gavino todo con voz temblorosa. Estaba temblando, tanto física como de manera mental.
Otra persona que temblaba con él era Benedicto. Cada vez que Gavino mencionaba el nombre de Camilo, se daba una fuerte bofetada mientras deseaba con desesperación despellejar vivo a su hijo.
En ese momento, Tobías se arrastró hasta Cordelia y sollozó:
—¡Señora Cordelia, lo siento! Por favor, deme una oportunidad. Tengo una familia que mantener…
—¿No se supone que eres terco como una mula? —Se burló Cordelia.
—Yo…
Tobías solo sentía remordimientos.
Cordelia se volvió hacia Angelina y Hernán y dijo:
—Ya que están decididos a dejar el Grupo Cordelia, no les pediré que se queden. Buena suerte con sus futuros proyectos.
La respiración de las dos personas se entrecortaba.
Cruzarse con Cordelia era como cruzarse con Rey del Río Sur. ¿Qué empresa del Distrito del Río Sur se atrevería a contratarlos después de este incidente?
La bendición de Cordelia fue, en efecto, un comentario sarcástico.
Después de muchas vueltas y revueltas, por fin terminó el lanzamiento del producto.
Todos los periodistas decidieron mantener la entrevista en secreto. Nadie se atrevió a escribir ningún artículo sobre lo que había ocurrido aquel día.
En cuanto a la promoción del nuevo producto del Grupo Cordelia, ¿en verdad era necesario promocionar los productos de éste, cuando sus pedidos realizados por el Rey del Río Sur y varias familias adineradas ascendían a cerca de diez mil millones?
Mientras tanto, en el último piso de la oficina del Grupo Cordelia, Óscar hablaba de manera humilde con el joven que tenía delante.
—Señor del Imperio, ¿fueron mis arreglos de su satisfacción?
Emir asintió.
—No estuvo nada mal. Fue bastante grandioso.
Al escuchar eso, Óscar esbozó una sonrisa. En aquel momento no se parecía en nada al Rey del Río Sur. Parecía más bien un niño al que su profesor ha elogiado por haber sacado la máxima nota en un examen.
Óscar se deleitó con los elogios de Emir durante un rato antes de recomponerse.
—Señor del Imperio, sobre el Grupo Encanto…
—Ya no hay necesidad de que exista.
Si el Grupo Encanto se hubiera ceñido a las reglas y hubiera competido contra el Grupo Cordelia con normalidad, Emir no habría intervenido, pero habían recurrido a trucos rastreros y, por eso, Emir no los dejaría escapar.
El Grupo Encanto tenía que irse.
No es que Emir no fuera misericordioso, sino que el Grupo Encanto fue el primero que se pasó de la raya. Él no sabía qué le habría pasado a Cordelia si él no hubiera estado presente aquel día.
En tono sombrío, Óscar dijo:



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