Entrar Via

Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 15

En el bar Rosa Nocturna, unos cuantos hombres lascivos estaban apiñados, hablando entre ellos.

—¡Qué buen ejemplar! Es impresionante. Es una auténtica diosa con su figura perfecta y su aspecto exquisito. Esas mujeres poco sofisticadas con espeso maquillaje al lado son tan solo baratas en comparación.

—Es una belleza, sin duda. Pero es demasiado distante. No han pasado ni veinte minutos y ya ha rechazado a siete hombres que se le acercaron.

—Qué ignorante eres. Una diosa con una figura y un aspecto tan estelares debe estar aquí buscando un sugar daddy. ¿Cómo podría interesarse por esos perdedores?

—¿Tanto sabes, entonces, Gordo? Pero, ¿por qué recuerdo que fuiste el primero en acercarte a ella y te rechazó?

Un destello de vergüenza apareció en el rostro del lascivo hombre.

—Ejem… No he dicho que no sea un perdedor.

—¡Rápido, mira! Hay un octavo hombre acercándose a ella. Espera… ¿No es ese el heredero de la familia Trujillo?

—Oh, es en verdad él. Maldita sea, nuestra diosa va a ser conquistada pronto. Es apodado un susurrador de mujeres, y nunca falla.

—¿Por qué no hacemos una apuesta? Apostaremos cuánto tarda en conquistar a esta belleza de primera.

En cuanto Emir entró en el bar, escuchó a unos hombres que hablaban como locos. Se acercó e intervino:

—¿Qué apuestan? Quiero entrar.

—¿Tú?

Los hombres se volvieron para mirarlo y lo evaluaron. Al final, se rieron con desdén.

—No te metas cuando estás empobrecido. Guarda tu dinero para tomar un autobús a casa.

«Sería un cumplido incluso llamarle perdedor, teniendo en cuenta su ropa barata».

En lugar de estallar, Emir sacó un billete de cien.

—Apuesto a que ese hombre no tendrá éxito.

—¿Cien? ¡Eres en verdad un hombre rico!

Las comisuras de los labios de los hombres se crisparon, pues alguien ignorante de la situación podría malinterpretar que Emir había sacado decenas de miles al actuar con tanta floritura.

En los ojos de Gordo brilló un destello de astucia. Tomando el billete, declaró:

—Acepto la apuesta. Si el señor Trujillo falla, te pagaré quinientos.

«Aunque cien no es mucho, sigue siendo dinero. ¿Por qué debería renunciar a un dinero tan fácil?».

Emir preguntó entonces:

—¿Qué posibilidades de éxito crees que tendría si fuera a entablar conversación con esa belleza?

—¿Eh? ¿Tú?

En cuanto sonó su pregunta, todos se echaron a reír a carcajadas.

—¡Pfff! Ja, ja… Amigo, ¿estás seguro de que no te falta un tornillo? Te ves sin un centavo, ¿y aun así quieres acercarte y entablar una conversación? Me estás matando de risa. ¡Ja, ja!

Emir replicó solemne:

—¿Y si lo consigo?

—Si lo consigues, me postraré ante ti. —Gordo era un hombre intrépido, así que aceptó de inmediato la apuesta.

—De acuerdo. Recuerda lo que dijiste.

Sonriendo, Emir se pavoneó con confianza hacia una de las barras.

Una belleza estaba sentada ante la barra, ataviada como una dama de ciudad. Llevaba una copa de vino tinto en la mano y agitaba con elegancia el fino licor. De perfil, sus mejillas estaban un poco teñidas de rojo. Aparte de eso, su pecho era el epítome de los melones tentadores.

Justo en ese momento, un joven apuesto se le insinuaba. No era otro que el heredero de la familia Trujillo, Lauro Trujillo.

—Bonita, en cuanto te vi, sentí que este lugar no es adecuado para ti.

—¿Por qué?

—Porque este lugar es demasiado vulgar. No encaja con tu aura regia.

—Ja, ja, ¿sueles usar esa frase para ligar con las chicas?

—En absoluto. Tan solo estoy buscando a una persona, alguien que sea digna de este Sueño Celestial. Parece que ahora la he encontrado.

—¡Oh!

A Gordo y a los demás casi se les salen los ojos de las órbitas. Ni en sus sueños más salvajes imaginaron que tal sería el resultado.

«Ah, resultó que la belleza es aficionada a esto. ¡Si lo hubiera sabido, también podría haber hecho de pícaro!».

El abatimiento se apoderó de Gordo.

Su amigo de al lado pareció recordar algo y se burló:

—Gordito, ¿cuándo vas a postrarte ante él ahora que ha triunfado?

—¡Nunca! ¡Maldito seas! ¡Voy a despegar antes de que me note!

Gordo se levantó con rapidez y salió corriendo del bar como un pingüino.

Emir se percató del movimiento furtivo del hombre, pero no se molestó en decir nada, ya que solo estaba bromeando sobre la apuesta.

Mientras tanto, Lauro, que se había quedado paralizado como una estatua, por fin recobró la cordura después de un rato. Comentó incrédulo:

—Míralo bien, guapa. Esa pulsera suya se puede comprar en un puesto de carretera.

—¡Eh, cuidado! Eso aún cuesta más de diez, ¿de acuerdo? —replicó Emir con disgusto.

Al escuchar sus palabras, las comisuras de los labios de Lauro se crisparon.

«¿Es en serio?».

Justo entonces, Cordelia intervino:

—Un regalo no tiene que ver con su precio, sino con quien lo hace. Mientras la persona sea sincera, no tiene precio.

Lauro estaba cada vez más enojado.

«Antes, te ofrecí para mostrar mi sinceridad el Sueño Celestial, pero ni siquiera le diste una segunda mirada. Este patán se burló de ti nada más llegar, ¿y tú alabas su sinceridad? ¡Creo que me estás tomando el pelo!».

Se dio cuenta de que los dos le habían tomado el pelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Guardián de Siete Bellezas Hermanas