Hermilio no había cometido ningún error horrible. Además, Lorenzo la había atendido bien antes de aquella noche. Yelena no podía ignorar sus súplicas.
—Emi…
Justo cuando Yelena iba a decir algo más, Emir sonrió y dijo:
—Entiendo, Lena. —Se acercó a Hermilio y apartó a Patricio de una patada—. Abre los malditos ojos y mira bien esto. Esta es la verdadera Aguja del Noveno Renacer.
Emir sacó entonces todas las agujas insertadas en Hermilio y volvió a realizar las inserciones.
Sus movimientos eran fluidos y rápidos. Lo más curioso era cómo zumbaba la punta de las agujas cada vez que las levantaba.
«Estos movimientos…».
La escena sorprendió a Patricio.
«¡Ni siquiera mi profesor puede replicar esta ágil técnica de acupuntura! ¿Quién demonios es el señor Luna?».
Justo cuando Emir terminó con el tratamiento de acupuntura, Hermilio vomitó una bocanada de sangre negra. Era la sangre coagulada que Patricio había suprimido en él con la técnica de acupuntura equivocada.
—Papá, ¿cómo te sientes? —Román se abalanzó al lado de su padre.
Tras respirar lento, Hermilio dijo:
—Me encuentro mucho mejor y ya no tengo esa sensación de opresión en el pecho. Gracias, señor Luna.
—¡Gracias, señor Luna! ¡Gracias, señorita Lino!
Román se postró ante Emir y Yelena.
—Señor Luna.
Justo cuando Emir estaba a punto de abandonar la subasta con Yelena, Tomás se acercó de repente a ellos.
La cabeza de familia de los Suárez tenía una expresión de reverencia en el rostro cuando se paró frente a Emir, pero no sabía que éste era el Señor del Imperio, y tampoco sabía que era Enjolras, pues el Rey del Río Sur había sido quien había transmitido los mensajes.
Si uno se preguntara por qué Tomás seguía teniendo en tan alta estima a Emir, descubriría que la respuesta había que buscarla en el día del lanzamiento del producto del Grupo Cordelia.



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