Franco Suárez estaba tumbado en la cama, con el estómago hinchado como si le hubieran metido dos pelotas de baloncesto. Suspiraba sin parar, parecía ansioso.
Los Suárez estaban preocupados.
Cuando Emir presionó el estómago de Franco, éste no pudo dejar de gritar de dolor. Para entonces, Emir ya se había dado cuenta de lo que pasaba. Pero antes de que pudiera empezar a tratarlo, alguien irrumpió en la habitación.
—Tomás, ¡he conseguido que venga el doctor Cuevas! ¡Démonos prisa y dejemos que trate a papá!
El que acababa de entrar se parecía mucho a Tomás. No era otro que el segundo hijo de la familia Suárez, Lucas Suárez.
Tras Lucas entró un anciano delgado con un botiquín. Aparentaba unos sesenta años y parecía sospechoso. Pero, a pesar de su aspecto mediocre, era uno de los mejores médicos de Distrito de Jade. Era Elías Cuevas, también conocido como el Doctor de la Receta Única.
En otras palabras, era un médico que, se presumía, podía curar a un paciente con una simple receta.
Tomás frunció el ceño al escuchar que Elías había venido.
«De todas las veces, tuvo que ser esta en la que el maldito veterano vino».
Resultó que los hermanos Suárez habían ido a buscar la ayuda de Elías cuando su padre enfermó por primera vez, pero éste les había dicho que no le interesaba consultar a quienes no estaban moribundos.
Sin más remedio, los hermanos habían ido a buscar a otros médicos, pero el resto de los doctores no podían ayudar a su padre en absoluto.
Elías solo había venido ahora para que los desesperados hermanos le pagaran la suma que quisiera. Por supuesto, a Tomás no le hizo ninguna gracia.
Antes de que pudiera decir nada, Elías se burló:
—¿Qué es esto? No me contrates si me menosprecias.
Se enojó cuando vio a Emir tratando a Franco.
Lucas no esperaba que Tomás hubiera contratado a otro médico y se quedó helado. Pero se dio cuenta de que Emir era joven, por lo que tenía más fe en la competencia médica de Elías.
—Doctor Cuevas, esto es un malentendido. Por favor, no se enfade. Solo acudimos a otros médicos porque usted no quiso venir. No podemos quedarnos de brazos cruzados viendo sufrir a nuestro padre. —Se apresuró a explicar Lucas, temiendo que Elías se marchara enojado.
Elías chasqueó la lengua.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Guardián de Siete Bellezas Hermanas