Yelena y Emir no mencionaron nada sobre los asesinos que se colaron en la mansión anoche, pues temían que Cordelia y Camila se asustaran por ello.
Eso fue todo lo que ocurrió.
Mientras tanto, en Ciudad Antigua, Emir decidió fabricar algunos objetos de autodefensa para Cordelia, Camila y Yelena tras los sucesos de anoche, como la Formación Telepática.
Así, si las chicas se encontraban en peligro, podría encontrarlas lo antes posible.
Pero grabar una Formación Telepática requería una esmeralda de alta calidad, ya que una esmeralda ordinaria no sería suficiente. Y por ello, Emir decidió probar suerte en Ciudad Antigua.
Después de caminar un rato, no encontró ningún objeto útil, pero se topó con una cara conocida: Franco.
A Franco le gustaba coleccionar antigüedades, así que venía a menudo a Ciudad Antigua a pasear.
Al ver a Emir, se acercó a él y le dijo:
—¡Qué casualidad, señor Luna!
Emir asintió.
—Don Suárez, ¿cómo va su recuperación?
Tenía una buena impresión de Franco.
—Estoy mucho mejor. Todo es gracias a ti; si no, estaría a dos metros bajo tierra.
—Me alegro de escucharlo. Por favor, tenga cuidado con su dieta y coma menos alimentos grasosos.
—Entendido, señor Luna.
Los dos pasearon por Ciudad Antigua mientras platicaban entre ellos.
Al cabo de un rato, Emir sacudió la cabeza, decepcionado.
«No hay nada».
Franco pensó que Emir era como él, que buscaba tesoros antiguos. Al ver que negaba con la cabeza, no pudo evitar preguntar con curiosidad:
—Señor Luna, ¿busca algo aquí?
—Estoy buscando algunas esmeraldas o piedras de gran dureza. Pero no he encontrado ninguna después de tanto caminar por aquí.
Franco sacudió la cabeza y sonrió.


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