Entrar Via

Guardián de Siete Bellezas Hermanas romance Capítulo 95

—Humberto Linares. El de Midas. Trabajaba para Héctor, pero asumió el liderazgo después de que éste se suicidara. Ahora trabajo para él.

Sin apenas fuerzas, Enrique casi se desmaya tras terminar la frase de un suspiro.

El primer instinto de Emir fue decir que Humberto no era nada para él, pero después de pensárselo un poco, decidió que Enrique lo llamara en su lugar.

—Dile a Humberto que venga a verme dentro de quince minutos. También dile que traiga un pincel, pintura y papel. Por cierto, que sepa que soy Emir Luna.

Diecisiete minutos y tres segundos después, Humberto llegó a los barrios bajos con la mirada aterrorizada y la cabeza cubierta de sudor.

«¡Llego tarde!».

Por supuesto, no se atrevió a desobedecer las órdenes de Emir de estar ahí en quince minutos. Así pues, condujo a doscientos kilómetros por hora y se saltó todos los semáforos en rojo del camino. Por desgracia, se retrasó unos minutos en conseguir los objetos solicitados por Emir. Por eso superó el plazo en dos minutos y tres segundos.

«¡Voy a perder la cabeza por esto!».

Humberto no pudo evitar recordar lo que había sucedido en Midas por aquel entonces. Emir había irrumpido en el casino y había matado él solo a su jefe, Héctor. Solo de pensarlo sintió un escalofrío.

—Merezco la muerte por llegar tarde, Señor del Imperio. Por favor, tenga piedad.

Al entrar de manera precipitada en los barrios bajos, Humberto se arrodilló sin demora. Las incesantes gotas de sudor que emitía empezaron a formar un charco mientras inclinaba la cabeza.

El terror en su interior era inconfundible.

En cuanto a Leonardo y Enrique, que seguían tumbados en el suelo, la imagen que tenían ante ellos los estremeció hasta la médula.

«¿El señor Linares acaba de dirigirse a este tal Emir como Señor del Imperio? ¡El Señor del Imperio! Solo una persona en Cananea lleva ese título. ¿No me digas que este joven es él?».

El miedo en los ojos de Humberto les dijo que su suposición era correcta.

En ese instante, ambos sintieron como si sus mentes hubieran volado por los aires.

«¿Cómo es posible algo tan ridículo? No somos más que rufianes. No hay forma de que acabemos cruzándonos con alguien tan poderoso como el Señor del Imperio».

Es triste decirlo, pero quieran creerlo o no, la vida puede ser a veces en verdad impredecible.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Guardián de Siete Bellezas Hermanas