Emir asintió.
—No quiero volver a ver a Leonardo en Distrito de Jade. Además, quiero que envíes a alguien para proteger a la madre y a la hija que se alojan en esta casa. Por supuesto, que no noten su presencia y no perturben sus vidas.
—Entendido. Su deseo es mi orden, Señor del Imperio.
Con eso, Humberto llamó a sus lacayos para que se llevaran a rastras a Enrique y Leonardo. En cuanto a su destino posterior, Emir no podía preocuparse por ello mientras regresaba a la casa.
—Señora, todo está bien ahora. Ese c*brón no volverá a intimidarlas.
—Gracias. Muchas gracias, doctor Luna. Nos ha salvado la vida a las dos una vez más. En verdad no sé cómo podemos pagárselo.
La mujer se arrodilló con lágrimas en los ojos.
Emir la ayudó con rapidez a levantarse y la consoló con una sonrisa:
—No te preocupes. No es para tanto. Aun así, me gustaría darte las gracias por dar la cara por nosotros cuando Camila y Clínica Albaricoque estaban siendo difamadas el otro día.
—Sigo sintiéndome mal por lo ocurrido. Nuestras acciones no tuvieron ninguna repercusión.
—La intención es lo que cuenta, y lo agradecemos mucho. —Tras tranquilizar a la mujer, dirigió su atención a Nancy, despeinándole el cabello mientras comentaba—: A pesar de conocerte desde hace tiempo, aún no te he comprado ningún regalo.
—No diga eso, señor Luna. Ambas estamos ya muy en deuda con usted. No podemos aceptar nada más —rechazó la mujer de manera frenética.
Nancy también añadió en su tono infantil:
—Así es. Se ha portado muy bien conmigo, doctor Luna, y me cae usted muy bien.
—No se preocupe, señora. No es un regalo caro. Solo una muestra de mi aprecio.
Emir había dado instrucciones a Humberto para que trajera pincel, pintura y papel por esa misma razón. Justo delante de ellas, empezó a pintar un cuadro.
A continuación, en el rostro de Emir se dibujó una sonrisa radiante.
«“Los días felices de Nancy”. Puede que el nombre sea cursi, pero la belleza y la inocencia verdaderas no son tan complicadas como la gente las pinta. La sencillez engendra belleza. ¿No es así?».
Tras abandonar los barrios bajos, Emir regresó a Finca Frondosa en lugar de Clínica Albaricoque.
Todavía tenía que terminar de tallar las siete Formaciones Telepáticas de ayer. Por lo tanto, pensó que podría completar la tarea hoy.
Esta vez no se atrevió a cerrar la puerta por dentro para evitar cualquier malentendido por parte de las señoras. Después de todo, aún no habían salido del trabajo, lo que le daba tiempo de sobra para terminar sus formaciones.
Esculpir la formación era similar a tratar a Nancy con acupuntura. Cuanto más pequeña fuera, más difícil sería dibujarla desde el punto de vista técnico.
Si él fuera a tallar Formaciones Telepáticas en Finca Frondosa, solo le tomaría un poco más de diez minutos. Pero, hacerlo en una piedra con un diámetro de diez centímetros era una tarea más difícil. Había que poseer niveles de concentración en extremo altos.
No fue hasta que llegó la noche que Emir terminó de tallar las siete formaciones. Pocos minutos después de terminar, Cordelia llegó a casa por casualidad.

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