Al darse cuenta de que Emir estaba sin aliento, Cordelia frunció el ceño y se acercó para agarrarle la oreja.
—¿En verdad son tan adictivas las tareas manuales? Lo hiciste ayer, y hoy vuelves a hacerlo. ¿Todavía quieres tus riñones o no?
—¡Delia, esto es en verdad un malentendido!
Para ser sincero, Emir no había esperado que ella siguiera malinterpretándole a pesar de que hoy no había cerrado con llave su habitación.
«¿Soy tan pervertido a sus ojos?».
—¡No me importa si esto es un malentendido o no! A partir de ahora no puedes quedarte sin hacer nada en casa. De lo contrario, ni siquiera tener diez riñones será suficiente para ti —bramó.
Forzó una sonrisa irónica.
—Delia, estás exagerando.
—¿Estoy exagerando? —Ella lo fulminó con la mirada—. Estás siendo un irresponsable. ¿Cómo vas a satisfacer a tu futura esposa si agotas toda tu vitalidad? Creía que habías mencionado que te casarías con todas nosotras. ¿Estás seguro de estar a la altura?
«¿Eh? ¿Qué quiere decir con eso?».
Emir se golpeó la frente.
—¿Estás diciendo que mientras pueda soportarlo de manera física, todas ustedes estarán dispuestas a casarse conmigo?
Cordelia se quedó un poco sorprendida.
«¿Cómo había llegado a esa conclusión? Pero... eso suena bastante bien».
De ahí que, para animarle a cuidar mejor su cuerpo, borró de pronto la expresión distante de su rostro y sonriera radiante.
—Por eso necesitas practicar el autocontrol.
«¡Hay esperanza! Después de todo, ¡hay esperanza!».
Lo que había empezado como un malentendido había permitido a Emir ver la esperanza después de escuchar sus palabras.
En cuanto a por qué se llevaba a Emir con ella, la razón no podía ser más obvia. Pensó que, si no le pedía que la acompañara y lo dejaba en casa, él seguiría dedicándose a tocarse. Por no mencionar que Yelena también estaría en casa.
A Cordelia le preocupaba que, si no se llevaba a Emir con ella, para cuando terminara de discutir el proyecto y regresara, la situación en casa se convertiría en un caos.
Si Emir supiera de su preocupación, sin duda se sentiría agraviado hasta las lágrimas.
«Acaso yo, el Señor del Imperio, ¿carezco de tanto autocontrol en tu opinión? Uh... En realidad, ni siquiera yo puedo decir con seguridad lo que sucederá. Después de todo, las damas son demasiado hermosas, y sus figuras son voluptuosas de una manera alucinante. Si vuelven a juguetear en la piscina, puede que ceda por muy fuerte que sea mi capacidad para resistir la tentación».
De todos modos, pensó que no había escapatoria al destino de tener que acompañar a Cordelia a Reposera.
El día que partieron de Distrito de Jade, se celebraba una gran boda en el Distrito del Río Norte. El novio era José, mientras que la novia era Angelina.
Tras aquella magnífica ceremonia nupcial, Angelina se hizo cargo de inmediato de uno de los negocios importantes de la familia Chacón: Noticiero del Distrito de Jade.
Pronto corrieron como la pólvora los artículos sobre Cordelia, la directora ejecutiva de Grupo Cordelia, que era la amante de Óscar, el Rey de Río Sur, y cómo al mismo tiempo patrocinaba a un mantenido a espaldas de Óscar.
Casi al instante, todo Distrito de Jade se llenó de vilipendios públicos contra Cordelia.

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