Irmina se despidió de su colega y se dirigió hacia el auto de Elián. El chofer, al ver a Irmina acercarse, rápidamente bajó del auto para abrirle la puerta. Después de murmurar un agradecimiento, ella se agachó para entrar al vehículo.
Elián estaba sentado en el asiento trasero y, al acercarse, ella pudo oler el dulzón aroma de su perfume; disimuladamente, frunció el ceño y se sentó manteniendo cierta distancia de él. Él la miró de reojo, notando cómo su sonrisa se desvanecía al entrar al auto, y sus ojos se oscurecieron por un momento antes de sonreír despreocupadamente: "¿Novio?".
Irmina se detuvo al escuchar eso, confundida, pensando que había escuchado mal: "¿Qué?".
Con una sonrisa en su rostro, Elián miró al hombre que aún los observaba y dijo con calma: "Ese".
Tomando aire, ella lo miró incrédula, completamente sorprendida por sus palabras. Viendo su reacción, Elián aligeró la tensión en su mirada: "Tenemos un matrimonio abierto, eres libre mientras no afecte el panorama general. Lo mencionamos cuando nos casamos. Pensé que tenías un novio y por eso querías el divorcio".
El chofer, sentado adelante, escuchó a Elián y no se atrevió a respirar fuerte, solo echó un vistazo por el retrovisor, pensando en lo bien que su jefe podía disimular, a pesar de que claramente le importaba que su esposa interactuara con otros hombres.
Irmina miró a Elián atónita, pero luego recordó esa condición. Ella nunca había tomado en serio esa cláusula, pensando que ningún hombre toleraría que su esposa saliera con otros hombres. Para ella, esa cláusula era simplemente una muestra de la desigualdad en su acuerdo matrimonial.



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