Petrona ya sospechaba desde hacía tiempo que Marciano había formado una familia por su cuenta. Pero lo que nunca imaginó fue que él estaría dispuesto a divorciarse de ella por esa mujer. En ese momento, con las cosas saliéndose de control, ella se sintió totalmente desamparada y una vez calmada, llamó a Nuriel para explicarle la situación.
En ese momento, Nuriel era la única que podía ayudarla. Justo después de colgar con ella, Petrona vio a Irmina bajar de un carro no muy lejos de allí, ésta traía consigo algunos artículos para bebés, claramente venía a visitar a una futura madre.
La expresión de Petrona cambió de inmediato, y la detuvo en seco: "Irmina, ¿qué haces aquí?".
Irmina la miró de reojo, como si apenas la hubiera notado; con un tono evasivo que pronto se tornó firme, respondió: "¿Y tú qué haces aquí?".
Al ver esa actitud evasiva, Petrona respiró hondo con frustración: "¿Ya sabías que tu papá había formado una familia por otro lado? ¿Sabías acerca de esa mujer y que está esperando un hijo de tu papá?".
Irmina fingió sorpresa, pero luego dijo con convicción: "¿Y qué si lo sabía? Si mi papá puede alejarse de ti y de Nuriel, eso sería lo mejor para mí. No puedo aceptarte como mi madrastra, cualquier otra persona estaría bien, menos tú".
Irmina frunció el ceño. Petrona tomó aire profundamente, intentando calmar su enojo, y con voz severa dijo: "¿Crees que, si no fuera por su consentimiento, me atrevería a tratarte de esa manera? No le sigas el juego a Marciano. Una vez nazca el hijo de Sara, tus días tampoco serán fáciles", y con un bufido, se marchó rápidamente, dejándola detrás. Aún conservaba un poco de sensatez, por eso no reveló todo lo sucedido.
Irmina, por su parte, se quedó pensativa, mirando hacia el interior de Terrazas del Horizonte, apretando su mano; parecía que tenía que avivar las llamas un poco más.

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