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¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 770

Camila notó el gesto de Clarisa, pero no se molestó. Simplemente se recostó en el asiento, cerró los ojos y descansó.

No fue sino hasta el momento de abordar cuando el personal la llamó, y recién ahí abrió los ojos.

Clarisa ya se había levantado y caminaba hacia la salida.

Camila se puso de pie y la siguió, tranquila y sin apuro.

Justo antes de entrar al avión, recibió una llamada de la señora Duarte.

—¿Camila? ¿Ya vas de salida?

Camila bajó la voz, esforzándose por sonar dulce y amable.

—Tía, ya estoy por abordar.

Del otro lado, la señora Duarte dejó ver algo de molestia en el tono.

—¿No te dije que me avisaras antes de subirte al avión? ¿Ya se te olvidó?

Camila se frotó el entrecejo y respondió suavecito:

—Tía, justo iba a escribirte.

La señora Duarte soltó un “ajá”, y quizá notando que se le fue la mano, agregó:

—Lo que pasa es que me preocupa no saber a qué hora llega el vuelo a la capital, quería preguntar para mandar a alguien a recogerte.

Camila sonrió un poco, le dijo un par de frases amables y colgó.

Clarisa ya estaba sentada en su lugar y, al verla terminar la llamada, tenía la expresión cansada.

El trato con la señora Duarte realmente agotaba a Camila.

Al final, ella y Benigno no sentían nada el uno por el otro. Así que aunque su suegra la hostigara, Benigno ni la defendía.

Y su mamá, ni lo pensaba.

En ese tiempo, Camila no dejaba de preguntarse si, al casarse con la familia Duarte, de verdad tendría una buena vida.

Y estaba segura de que no.

Entre ella y Benigno no había amor.

La señora Duarte quería controlarla todo el tiempo.

—Camila —empezó—. Tú sabes cómo es la familia Duarte ahora, la posición que tenemos. Hay mucha gente que quiere quedar bien con nosotros, y otros que esperan vernos caer.

—Como futura señora de la familia Duarte, tienes que estar a la altura. No puedes traer los hábitos de donde vienes a nuestra casa.

Camila sonrió apenas y respondió:

—Entiendo, tía. Gracias por tomarse el tiempo de enseñarme.

La señora Duarte asintió y dijo en voz baja:

—Eso es lo que me gusta de ti, que te interesa aprender. Si tienes dudas, pregunta, que yo te enseño. No como otras, que parecen de palo y no saben decir ni una palabra.

Camila sabía que el comentario iba por Clarisa.

Antes habría seguido la corriente, pero ese día no tenía ánimos. Solo escuchó en silencio, con expresión natural y tranquila.

La señora Duarte, al verla tan serena, asintió satisfecha.

—Eso es lo que necesita la familia Duarte, una nuera como tú.

Educada, sabe conversar y da buena impresión delante de todos.

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