Cuando Samuel vio a Elián, su expresión cambió de inmediato.
Se quedó pálido, mirando a Elián con los ojos llenos de incredulidad.
—Tú...
La voz de Samuel temblaba.
Elián observó la manera en que Samuel se tensaba y soltó una sonrisa fría.
—¿Qué pasa? ¿No te alegra verme bien y de pie frente a ti?
Samuel respiró hondo, apretando los dientes en silencio. En el fondo, sabía que probablemente había caído en la trampa de Elián.
Sus manos temblaban un poco mientras las apretaba, aunque todavía le quedaba una pizca de esperanza.
Al final de cuentas, Elián era su hijo.
Ahora que por fin había salido de ahí, no quería volver a entrar.
—Elián, cualquier cosa que tengas para decir, mejor hablamos en la casa, ¿sí? —murmuró Samuel, sin dejar de mirar a su alrededor—. Aquí hay mucha gente.
No quería que Elián armara un escándalo delante de los periodistas.
Pero Elián solo lo miró en silencio.
La tensión de Samuel era evidente. Se acercó a Elián y bajó aún más la voz.
—Elián, si me dejas ir esta vez, todo lo de Grupo Fuentes es tuyo. No quiero nada. Solo déjame salir de aquí y prometo que nunca más te voy a causar problemas.
Elián ni siquiera parpadeó.
Samuel apretó los dientes con fuerza.
—Elián, no olvides que soy tu papá.
Elián soltó una risa seca, llena de frialdad.
—¿Pensaste en eso cuando secuestraste a mi hijo?
—Tú sabías perfectamente que Nuriel siempre ha odiado a Irmina y aun así querías mandar a mi hijo a Cintago para entregárselo a Nuriel. ¿En ese momento pensaste en que yo era tu hijo? ¿Que Andy era tu nieto?
Eloy todavía seguía siendo investigado, y Elián tampoco iba a poder zafarse. Según él, había "pruebas".
Pero Elián, lejos de verse afectado, lo miró con indiferencia, con una pizca de burla en la mirada.
Samuel se quedó rígido.
Claro.
Si Elián había planeado todo desde el principio, seguro que ya tenía su estrategia lista.
Samuel apretó los dientes, sin decir nada más, y se fue con los funcionarios de vuelta al centro de detención.
Justo antes de entrar, Samuel se giró para mirar a Elián y dijo en voz baja, con frialdad:
—En esta pelea, tampoco puedo decir que perdí del todo, ¿no es cierto?
Después de todo, Irmina había salido lastimada, y Elián la amaba tanto que seguro lo lamentaría toda la vida.
Así que, al final, él tampoco sentía que hubiera perdido por completo.

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