Mansión Fuentes.
Cuando Elián y Irmina regresaron a la casa familiar, encontraron a Andy dibujando junto a Gustavo.
Andy tenía las manos manchadas de tinta por completo.
Al ver entrar a Elián e Irmina, Andy se quedó en blanco un segundo, pero enseguida se le iluminó la cara.
—¡Tío!
Andy corrió hasta Elián, pero como tenía las manos sucias, no lo abrazó de inmediato; solo alzó la mirada hacia él.
—¿Ya volviste?
Elián asintió, y justo cuando se agachó para cargar a Andy, al levantarlo sintió un dolor agudo en la herida.
Irmina notó el gesto de dolor en el rostro de Elián, se puso nerviosa y enseguida tomó a Andy en brazos con suavidad.
—Andy, ve a lavarte las manos primero.
Andy asintió y corrió al baño, pero en todo el trayecto no dejaba de mirar a Elián por encima del hombro.
Elián le sonrió, y eso tranquilizó a Andy, que por fin fue a lavarse.
Gustavo, sentado en su silla de ruedas, miró a Elián con calma.
—¿Así que te dignaste a volver, muchacho?
Elián esbozó una sonrisa.
—Si no regreso, ¿no le tocaría a usted encargarse del Grupo Fuentes? Ya está en edad de descansar, no quiero que se canse por mi culpa.
Gustavo soltó una risa.
—Hace mucho que no me meto en los asuntos de la empresa, pero tampoco es que no sepa cómo. Si no volvieras, al menos tendría algo con qué entretenerme.
Elián sonrió, pero estaba un poco pálido.
Al cargar a Andy, había hecho fuerza sobre la herida.
Gustavo lo notó y se puso serio al instante.
—¿Qué pasa?
Elián agitó la mano, restándole importancia.
Irmina frunció el ceño y enseguida intervino.
No se movió de su lado ni un momento, preguntándole cada tanto si tenía hambre o si quería tomar agua.
Al ver a Andy tan pendiente, Elián, a pesar del dolor, no dejó de sonreír.
—No tengo sed, tampoco quiero agua.
—Ah, bueno —respondió Andy, y enseguida empezó a contarle otras cosas.
Era como si tuviera muchísimo que decirle a Elián, hablaba sin parar.
Elián lo escuchaba con paciencia, siempre con esa sonrisa suave.
A la hora del almuerzo, Patricio llevó a Andy a comer abajo.
Antes de irse, Andy le prometió a Elián que le llevaría la comida apenas terminara.
Patricio, al oírlo, no pudo evitar reírse.
—El joven sí que es atento, pero la señorita Monroy ya tiene todo listo para Elián.
Apenas terminó la frase, Irmina entró con la sopa de Elián.
Andy, por fin, se sintió tranquilo, seguro de que Elián no pasaría hambre.

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