Entrar Via

¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 800

La señora Duarte, antes de irse, le lanzó a Clarisa una mirada tan dura que hasta se podía sentir el veneno en sus ojos.

—En esta vida, jamás vas a pasar la puerta de la familia Duarte —escupió, llena de odio.

Clarisa se mantuvo tranquila, de pie junto a Benigno, como si ni siquiera hubiera escuchado esas palabras. No mostró la menor reacción.

La señora Duarte, fuera de sí, salió de allí a grandes zancadas.

Apenas ella se fue, los guardias de seguridad la siguieron, y el lugar se sintió mucho más amplio.

Camila miró a Benigno y a Clarisa antes de hablar, con voz calmada:

—Creo que ya no pinto nada aquí.

—Me voy. Cuando el tío llegue mañana a Nebula, nos vemos.

Dicho esto, Camila se marchó sin mirar atrás.

Irmina tampoco había podido ayudar mucho, y además Elián seguía herido.

Benigno y Clarisa, por su parte, seguramente tenían muchas cosas pendientes por hablar.

Irmina estaba a punto de decirle a Clarisa que también se iba, pero Clarisa se le adelantó y la miró antes de hablar:

—Irmina, vete tranquila.

Irmina asintió.

—Bueno, entonces me adelanto. Tú y Benigno hablen bien las cosas.

Clarisa asintió.

Cuando Irmina y Elián salieron, la habitación quedó en completo silencio.

La herida en la frente de Benigno ya había dejado de sangrar.

Clarisa le echó una mirada a la herida, sabiendo perfectamente que él se la había hecho para demostrarle que estaba dispuesto a enfrentarse a sus padres por ella.

Antes, Clarisa había soñado con que Benigno se atreviera a estar de su lado sin pensarlo. Pero ahora que él realmente lo hacía, la presión que sentía era abrumadora, como nunca antes.

Al escuchar eso, Clarisa no pudo evitar soltar una risa sarcástica. Miró la herida en la frente de Benigno y le respondió con voz seria:

—¿Casarnos?

—Tus papás ni siquiera aceptan que estemos juntos, ¿cómo vamos a casarnos?

—Mejor regresa con ellos. Al fin y al cabo, son tus padres, los que te dieron la vida. No tienes que romper con ellos por mí. Además, llevamos tanto tiempo separados que, siendo honesta, ya me acostumbré a estar sola.

—Tampoco quiero cargar con el peso de que hablen mal de ti por mi culpa. Es demasiado.

Benigno, con el ceño fruncido, la tomó de la mano justo cuando Clarisa intentaba irse y la atrajo hacia él.

—Ellos son ellos, yo soy yo. Con quien te vas a casar es conmigo, y con quien vas a vivir es conmigo, no con ellos. Si no los soportas, no los ves y ya.

—Podemos alejarnos de todo ese rollo y vivir a nuestra manera, ¿no te parece?

Para Benigno, sus padres no eran ese obstáculo imposible de superar.

Mientras Clarisa quisiera estar con él, él estaba seguro de que podían dejar atrás cualquier montaña.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!