Al día siguiente.
Rufo llegó a Nebula.
Irmina fue a recogerlo al aeropuerto.
Cuando Elián se enteró de que Irmina iría a buscar a Rufo, no dudó en acompañarla, con la intención de lucirse delante de él.
Rufo salió del aeropuerto y de inmediato Irmina fue a su encuentro.
—Tío —saludó Irmina primero.
Elián también le dirigió un saludo—. Tío.
Rufo apenas miró de reojo a Elián, sin decir nada. Solo asintió con la cabeza hacia Irmina, con ese gesto serio que no dejaba ver mucho más.
—Hablemos en el carro —dijo Rufo.
Irmina asintió suavemente y lo siguió, no sin antes lanzar una mirada preocupada a Elián.
Rufo, claramente, trataba a Elián como si no existiera.
A Elián no pareció afectarle; mantenía la sonrisa y seguía junto a Irmina, buscando cualquier excusa para sacarle conversación a Rufo.
Rufo, aunque no era un hombre difícil ni orgulloso, al notar la insistencia de Elián, de vez en cuando le respondía con alguna que otra frase.
En el restaurante.
Irmina ya había reservado un salón privado.
Rufo estaba a tope de trabajo esos días, y apenas terminara con ese asunto, por la tarde tenía que volver a tomar un vuelo. Así que el tema de la unión entre la familia Duarte y la suya se discutiría durante el almuerzo.
Entraron al salón y todavía no habían llegado los de la familia Duarte.
Elián se sentó al lado de Rufo, acompañándolo y manteniendo la charla.
Camila había salido del hotel y, al llegar al restaurante, saludó a Rufo de forma natural.
—Perdón, señor, no pude ir al aeropuerto a recibirlo —se disculpó.
Rufo hizo un gesto con la mano, restándole importancia.
—No te preocupes. Tú no eres de Nebula, es normal que no conozcas mucho por acá. Siéntate.
Ayer, cuando lo llamó por teléfono para explicarle todo, Rufo le había preguntado directo: después de todo lo que había pasado, ¿ya había dejado atrás esos años de resentimiento?
Camila, en ese momento, no supo qué responder.
Entonces Rufo le dijo que, si no volvía a meterse con Clarisa, él iría a ayudarla con ese asunto.
Pero si no aceptaba esa condición, serían sus padres quienes tendrían que venir a enfrentar la situación.
Su mamá siempre había visto como un honor el que ella se casara con la familia Duarte, incluso sentía que casarse con Benigno era una victoria sobre Clarisa, como si la estuviera aplastando.
Así que jamás iba a aceptar que Camila quisiera romper el compromiso con los Duarte.
Aunque por lo que hizo ayer ya se había ganado la enemistad de la señora de la familia Duarte, en el fondo, entre ella y Clarisa, la señora Duarte seguiría eligiéndola a ella.
La relación de Camila con su suegra ya estaba llena de problemas, y Benigno tampoco tenía el corazón puesto en ella.
Si las dos familias seguían adelante con el acuerdo y nadie resolvía el asunto, la unión seguiría en pie, y ella terminaría siendo solo una pieza de sacrificio, una trágica protagonista.
Camila no estaba dispuesta a aceptar ese destino.

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