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¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 887

—Mamá, ¿tú también crees que fui yo? —preguntó Camila, levantando la vista hacia Faviola.

Faviola se quedó perpleja.

—¿No fuiste tú?

Cuando entraron, habían visto a Camila darle agua a Clarisa.

Camila guardó silencio.

Faviola se animó de inmediato.

—¡Si no fuiste tú, no vamos a aguantar esta humillación!

»¡Vamos, vamos a exigirles una explicación!

Mientras hablaba, Faviola miró al mayordomo, que estaba guardando el vaso que había usado Clarisa en una bolsa con guantes, y le dijo con voz grave:

—Más les vale que guarden bien ese vaso y analicen si contiene alguna sustancia dañina, para limpiar el nombre de nuestra Camila.

El mayordomo miró a Faviola y luego a Camila, que estaba con la cabeza gacha, mirando su celular.

—Señora Faviola, no se preocupe. Si este asunto realmente no tiene nada que ver con la señorita, el señor no culpará a nadie injustamente.

—¡Ja! —resopló Faviola, tomando la mano de Camila—. Vamos al hospital, a ver qué artimaña está tramando Clarisa.

Camila se soltó de la mano de su madre y llamó a la policía.

Mientras hablaba, levantó la vista hacia el mayordomo.

—Deje eso ahí. Personal más cualificado vendrá a investigar. Si de verdad hice algo para dañar a Clarisa, iré a la cárcel.

El mayordomo, al oír a Camila, no supo qué hacer.

Isidoro, que estaba a un lado, se sintió muy mal al oírlo. Recordó las duras palabras que le había dicho a Camila antes de irse y se arrepintió profundamente.

—Si cometes un error, tienes que admitirlo. No dejes que tu orgullo te lleve a un punto sin retorno —le aconsejó Rufo a Lionel.

En ese momento, sonó el celular de Rufo. Era el mayordomo.

Al enterarse de que Camila había llamado a la policía y se había ido con ellos para ser investigada, frunció el ceño.

—Le diré a Lionel que vaya a buscarla ahora mismo. Fue Clarisa la que comió algo que no debía, no tiene nada que ver con ella. ¿Cómo es posible que esto llegue a la policía?

»Si se entera gente que no sabe nada, quién sabe qué rumores inventarán.

Dicho esto, Rufo colgó.

—Iré yo a buscar a Camila. Seguramente está enfadada conmigo. Cuando me fui, pensé que de verdad tenía algo que ver y le dije que me arrepentía de haberme casado con su madre y de haberla tenido a ella —dijo Isidoro, con el rostro tenso—. Probablemente está tratando de demostrar su inocencia de esta manera por mi culpa.

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