—¡¿Embarazada?!
Faviola, que estaba a punto de replicarle al mayordomo, se quedó horrorizada al oír que Clarisa estaba embarazada.
—Sí, señora Faviola —asintió el mayordomo con torpeza.
Faviola respiró hondo, con una expresión de incredulidad. Un momento después, estalló en improperios.
—¿Pero qué se ha creído esa Clarisa? ¡Si estaba embarazada del hijo de Benigno, por qué no lo dijo! ¡Si no fuera porque nuestra Camila insistió en romper el compromiso, habría tenido que criarle el hijo!
»¡Clarisa es una víbora, igual que su madre!
—Señora Faviola, la señorita se enteró de que estaba embarazada después de que la señorita Camila y el señor Duarte rompieran el compromiso, no fue… —intentó explicar el mayordomo, pero Faviola no le hizo caso.
Se fue corriendo a buscar a Camila.
Seguro que ella aún no sabía que Clarisa estaba embarazada.
Menos mal que su hija era lista y había escapado de ese infierno que era la familia Duarte.
Al salir de la sala de análisis, Faviola se encontró a la señora Salcedo de pie junto a Camila, preguntando a un oficial los detalles del caso.
La furia de Faviola se disipó al instante al verla.
—Señora Salcedo, ¿qué hace usted aquí?
La señora Salcedo levantó la vista, sonrió y le explicó:
—Urbano me llamó hace un rato. Me dijo que Camila tenía un pequeño problema y me pidió que viniera a ver si podía ayudar. Él está en la montaña con sus tropas y tardará unas dos horas en llegar, así que me pidió que viniera yo primero.
Camila, de pie junto a la señora Salcedo, no sabía qué sentir.
Las familias de alta sociedad valoraban por encima de todo el estatus y la procedencia.
Observó con cautela la expresión de la señora Salcedo, pero no pareció inmutarse por las palabras de Faviola. Al contrario, le dio unas palmaditas en la mano y le dijo con suavidad:
—No hablemos de estas cosas delante de la niña. Camila es tan excepcional, ¿cómo no va a haber un sitio para ella en el mundo?
»Nuestro Urbano tiene un apartamento cerca de aquí. Como pasa la mayor parte del año en el cuartel, casi nunca lo usa. Si Camila quiere unos días de tranquilidad, puede quedarse allí. Es una idea de Urbano.
»Me lo encargó antes de venir.
Faviola, que estaba deseando unir a Camila y Urbano, no se lo pensó dos veces.
—De acuerdo. Se lo agradecemos mucho, señora Salcedo. Urbano es un hombre muy atento, piensa en todo.
Las dos madres tomaron la decisión rápidamente, sin que Camila pudiera decir una palabra para negarse.

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