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¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 911

Una vez que el estado de Rufo se estabilizó, las visitas se hicieron más frecuentes.

Irmina y Elián permanecían en el hospital, cuidándolo constantemente.

Clarisa también venía con Andy.

La relación entre Camila y Clarisa había mejorado notablemente. Ya no había luchas ni rivalidades, aunque ninguna de las dos tomaba la iniciativa para hablar con la otra.

Un día, Clarisa fue al hospital para su revisión prenatal y aprovechó para visitar a Rufo.

Al llegar a la puerta de la habitación, vio a Benigno salir.

Hacía tiempo que no se veían. Benigno parecía aún más distante que antes.

Se detuvo en la puerta y, al verla, sus ojos oscuros y profundos revelaron una mezcla de contención y un tenue brillo.

Clarisa bajó la cabeza y se hizo a un lado para dejarle paso.

Pero Benigno no se movió. Se quedó en el umbral, observándola con una expresión indiferente.

Se mantuvieron así, en silencio, durante un momento, hasta que Benigno rompió el hielo.

—Cuánto tiempo.

Al oírlo, Clarisa levantó la vista y sus miradas se encontraron sin previo aviso.

—Sí, ha pasado un tiempo —respondió con calma, un toque de distancia en su voz.

Benigno la miró fijamente y dijo en voz baja:

—¿No has estado comiendo bien últimamente? Te veo más delgada.

Clarisa no respondió. Quizás por la sensibilidad del embarazo, al escuchar sus palabras, sintió un nudo en la garganta.

Había estado comiendo bien, incluso más que nunca.

Pero el pequeño ser que crecía dentro de ella la tenía agotada.

Casi todo lo que comía, lo devolvía.

El bebé necesitaba nutrientes y los tomaba de ella. Como no podía retener la comida, era natural que adelgazara.

—Por muy ocupada que estés con el trabajo, tienes que comer bien.

Benigno la miraba con ternura, la frialdad de su rostro se había desvanecido.

Clarisa asintió levemente.

—Gracias por preocuparte.

—De nada —respondió él, dando un paso hacia la salida.

En cuanto se movió, Clarisa se deslizó por el espacio que él dejó y entró en la habitación de Rufo.

Benigno se quedó quieto, observándola entrar, y tras una larga pausa, reanudó su camino.

Al salir, se encontró con Elián e Irmina.

Al ver a Benigno, la expresión de Irmina se volvió extraña, y de inmediato miró a Elián a su lado.

Elián negó rápidamente con la cabeza, como diciendo que no sabía nada.

Solo entonces Irmina apartó la mirada.

A Benigno no pareció importarle la desconfianza de Irmina. Con una sonrisa cálida, los saludó.

Rufo la miró y dijo con calma:

—Si ya lo han superado, ¿por qué no le dices que estás embarazada?

Había escuchado claramente la conversación entre Benigno y Clarisa afuera. Ella no había mencionado su embarazo en ningún momento.

Clarisa apretó los labios y susurró:

—Este es mi hijo, no tiene nada que ver con él.

Rufo la miró y dijo con firmeza:

—Aunque sea tu hijo, él también es el padre.

—Cuando el niño crezca, querrá conocer a su padre. Tú te esfuerzas tanto por criarlo sola, mientras él no aporta nada. Y en unos años, cuando el niño ya sepa decir «papá», él aparecerá como si nada.

—Eso sería demasiado fácil para él.

Clarisa no se atrevió a mirar la expresión seria de Rufo. Bajó la cabeza y dijo en voz baja:

—No quiero estar con él ahora.

—¿Y para que se haga responsable del niño, tienen que estar juntos? —insistió Rufo.

Clarisa guardó silencio.

Irmina sintió que Rufo estaba usando a Clarisa para lanzarle una indirecta, así que sonrió incómodamente y cambió de tema.

Elián, que había escuchado toda la conversación desde fuera, entró y se puso a hacer sus cosas con la cabeza gacha, temiendo que su futuro suegro la emprendiera contra él.

Después de todo, él era exactamente el tipo de padre del que hablaba Rufo: el que aparece años después, cuando el niño ya sabe llamarlo «papá».

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