Ye Qingwu tenía los ojos enrojecidos y no respondió. Después de tantos años, esta era la primera vez que Ye Shan no se oponía a su carrera de cantante. Ahora creía de verdad que ella solo quería cantar y no haría nada en contra de su moral ni cambiaría su dignidad por la fama ni nada parecido. Ella miró a Jiang Ning y quiso darle las gracias; pero sintió que, si lo hacía, parecería muy formal y distante.
Él la miró y asintió. No había necesidad de decir nada.
Después de comer, Ye Qingwu quería coordinarles un transporte hasta el aeropuerto.
—No es necesario, todavía tenemos que recoger a Su Yun. Creo que acaba de despertarse —se rio Lin Yuzhen—. Rara vez tienes la oportunidad de venir a casa, así que dedica más tiempo a charlar con el Señor Ye.
Luego Lin Yuzhen tomo la mano de Jiang Ning y salió.
Ye Shan estaba sentado en una silla de madera, bebiendo té.
—Señor Ye, nos vamos ahora, ¡vendremos a visitarle en otro momento!
Ye Shan todavía parecía malhumorado, pero su mirada era más suave que antes.
—De acuerdo. —Miró a Jiang Ning y quiso darle algunos consejos, pero luego decidió no hacerlo y agitó sus manos—. Que tengan un buen viaje a casa.
Jiang Ning sabía que estas palabras sonaban como si fueran para Lin Yuzhen, pero en el fondo sabía que Ye Shan se las decía a él también.
Ya que había matado a alguien de la escuela de las Doce Rutinas de la Pierna Resorte, todos los artistas marciales de la Secta de la Gran Patada del Norte que se escondían en la ciudad de seguro vendrían a buscarle pronto. Sin embargo, a él nunca le había preocupado eso.
Ye Qingwu los despidió y cuando volvió, Ye Shan seguía sentado, pero se había terminado todo el té. Ella tomó la tetera.
—Le traeré más.
Después de dar dos pasos, Ye Shan la llamó y dijo:
—No me opondré más a tu carrera de cantante.
Los hombros de Ye Qingwu temblaron.
»Ese hombre me dijo antes que habías sufrido mucho. ¿Por qué no me lo dijiste?
—¿No se hubiera enfadado más si se lo hubiera dicho?
—¡Damos la bienvenida a la Leyenda de Shengcheng de vuelta a casa!
El Hermano Gou y Su Yun chocaron los cinco y se echaron a reír.
La casa Lin estaba más animada que de costumbre. Su Mei había comprado mucha comida e incluso había conseguido que dos señoras la ayudaran a cocinar, de lo contrario no podría hacer frente a la situación.
Huang Yuming y los otros lobos habían recibido también una invitación a comer.
En cuanto Lin Yuzhen regresó, dejó su bolso y corrió a la cocina. Le encantaba pegarse a Su Mei y ella la reprendía por seguir comportándose como una niña a pesar de estar casada.
Jiang Ning y Huang Yuming estaban tomando té en el patio.
—Hay movimiento en el norte.
Jiang Ning asintió para decirle que continuara.
»El jefe de la familia Song ha cambiado. —Una mirada significativa pasó por los ojos de Huang Yuming—. Ese Song Xiaoyu es más capaz de lo que esperaba. En realidad, logró desbancar a Song Weiming de su posición como cabeza de familia.

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