Fan Luo cerró los ojos y esperó a que Li Dong entrara en razón. Para él, todas esas personas aprenderían en algún momento a comportarse. Los humanos tenían que pasar por algunas dificultades para madurar.
El rostro de Li Dong estaba pálido de ira cuando salió de la oficina de Fan Luo. «¡Este Fan Luo era en realidad terrible! Solo era un director y también trabajaba para otros, ¡pero era tan arrogante!».
―Me acabo de dar cuenta de que usted tiene muy buen carácter ―comentó Número Cinco con los dientes apretados―. ¡Hubo un momento en el que me dieron ganas de matar a ese hombre! ―Él nunca había visto a alguien así. Fan Luo no solo era arrogante, sino que también hacía lo que se le antojaba. Era una vergüenza que ocupara un cargo tan importante.
―Estas personas son así y en Jiebei se vuelven aún peor. ―Li Dong sacudió la cabeza―. Sin embargo, no se sabe de ningún problema que hayan tenido y no hay pruebas contra ellos. Solo buscan una buena excusa para obligarte a ceder a sus demandas. ¿Qué podemos hacer al respecto? ―Li Dong también estaba enfadado, pero no podía hacer nada.
Fan Luo y las seis poderosas familias que estaban detrás de él y que controlaban a Jiebei querían usar este tipo de tácticas despreciables para conseguir el setenta por ciento de las ganancias del Grupo Lin.
Esa era la razón por la que Jiebei no podía avanzar como ciudad. La región del norte estaba de esa manera porque estas familias poderosas habían bloqueado todos los caminos que daban a esta ciudad. No querían que ningún rival entrara y amenazara su posición.
―No te preocupes, esperaremos a que venga el Gran Jefe ―dijo Número Cinco―. Cuando él venga, todo se resolverá.
Li Dong no tuvo más remedio que llamar a Jiang Ning. Para su sorpresa, Jiang Ning ya estaba en camino. Parecía que ya sabía que algo iba a salir mal y que a Li Dong se le iban a acabar las ideas. Vendría cuando Li Dong más lo necesitara.
Por la tarde, Jiang Ning ya había llegado. Solo el Hermano Gou estaba con él, pero Número Cinco sabía que todos sus compañeros habían venido también.
―Hermano Ning, lo siento mucho. ―Li Dong estaba muy avergonzado de sí mismo. Sentía que había decepcionado a Jiang Ning y que este había perdido toda la confianza que tenía en él. De los cinco pórticos, solo había atravesado dos de ellos. Jiang Ning también lo había ayudado en secreto con Tianbei.
―Has hecho un buen trabajo ―lo elogió Jiang Ning y sonrió―. Sabes, hay muchos otros que no han podido pasar ni siquiera uno de estos pórticos. Incluso los que lo consiguieron tuvieron que pagar un precio muy alto.
Li Dong asintió. «¡Era un robo a plena luz del día! Nunca iba a aceptar esas condiciones».
―¡Por un momento, estuve dispuesto a dar mi vida por el Hermano Ning!
―Te entiendo muy bien. ―Número Cinco se rio, pues sentía empatía con él.
―¡Vamos a trabajar!
Ambos se prepararon y se pusieron a trabajar. Mientras tanto, Jiang Ning y el Hermano Gou fueron a buscar de nuevo a Fan Luo.
Fan Luo estaba sentado en el sofá mientras preparaba su té con tranquilidad. Los documentos que estaban en su escritorio estaban apilados como una montaña. Para él era más interesante prepararse un té que revisar esos asuntos.
―Me pregunto quién será el próximo en buscarme. Espero que sea alguien que sepa comportarse. ―Fan Luo se estaba sirviendo el té cuando, de repente, alguien abrió de un golpe la puerta de su oficina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Héroe Retrasado