Entrar Via

IMPERDONABLE romance Capítulo 109

TOMO 3. CAPÍTULO 109. Migajas de una tortura.

Logan

Estoy en medio de la reunión, con una copa de whisky en la mano, cuando escucho esas palabras salir de la boca de Arthur Wexler:

“BR Savage Tea”.

El nombre me golpea como un mazo y escupo el trago que estoy tomando, sintiendo el ardor en la garganta. Mi cerebro entra en cortocircuito. Ese es el nombre de la empresa que tiene las tierras donde estaba la casa de Liliana. Esas tierras que, según los registros, no pertenecieron nunca a una persona física. ¿Qué demonios significa esto?

Arthur se despide con elegancia, como si no hubiera soltado una bomba en el salón. Sus lentes brillan bajo la luz, y su sonrisa, a pesar de su falsa amabilidad, me parece casi un desafío personal.

—Logan, ¿estás bien? —me pregunta Vincent, dándome un codazo en las costillas y yo me limpio la boca con la manga, todavía en shock.

—¿Tú escuchaste eso?

—¿Qué cosa? ¿El nombre de su empresa? —responde, confundido.

—¡Claro que el nombre! —le espeto, mirando fijamente hacia donde Arthur desaparece por la puerta—. ¿No te suena?

—No, ¿debería?

—Es la empresa que tiene las tierras donde estaba la casa de Liliana.

Vincent frunce el ceño y baja la voz.

—¡Eso no puede ser! Yo vi con mis propios los registros de propiedad de esa granja y estaban a nombre de la madre de Liliana. ¡Es imposible que le pertenezcan a una empresa. ¿Estás diciendo que…?

—No sé qué estoy diciendo todavía —interrumpo, bajando el tono también, porque algunos hacendados comienzan a mirarme—. Pero esto no es una coincidencia.

Vincent pone su mano en mi hombro y lo aprieta con un gesto tenso.

—Tranquilízate, Logan. No puedes perder tu temperamento aquí.

—¡No puedo tranquilizarme, Vincent! Tengo el presentimiento de que esto… esto tiene que ver con Liliana.

Me separo de él y me acerco a un pequeño grupo de hacendados que sigue discutiendo sobre la reunión.

—Disculpen —intervengo—. ¿Alguien sabe algo más sobre BR Savage Tea? Quiero decir… el nombre no me suena de nada y compraron el treinta por cierto del condado bajo nuestras narices.

Emir Braxton, un hombre mayor con bigote al que conozco de toda la vida, me mira por encima de su copa.

—Pues yo sí he averiguado algo por mi parte, porque fui a pedir ayuda con unos pozos de agua y compartieron los suyos con la mejor disposición. Es una empresa extranjera muy exitosa. Han estado comprando tierras por todos lados.

—¿Pero quién es el dueño? —insisto, tratando de sonar casual.

—Eso nadie lo sabe —responde otro, encogiéndose de hombros—. Se supone que es alguien con mucho dinero, pero me imagino que delega todo. Ya ves que el CEO es el que da siempre la cara.

Frunzo el ceño, sintiendo que la frustración se acumula en mi pecho. Esto no tiene sentido. ¿Por qué alguien tan misterioso querría comprar tantas tierras aquí? ¿Y por qué todo esto me recuerda tanto a Liliana?

Vincent me tira del brazo.

—Sí, del dueño de BR Savage Tea —dice, casi gritando de emoción—. ¡Mira esto, Logan! ¡Es increíble!

Miro dentro de la caja y mis ojos se encuentran con un juego de té de porcelana china. La delicadeza de los detalles es impresionante, pero es lo que Carolina dice después lo que me deja helado.

—Esto tiene que ser carísimo, Logan. Es una antigüedad. Quien haya enviado esto tiene demasiado dinero, porque no creo que nos lo haya mandado solo a nosotros.

No respondo. Mis ojos están clavados en la caja, donde también hay un pequeño empaque de té, incluso el envoltorio es exquisito, lujoso, con una etiqueta dorada.

—¡Salma! —grita Carolina aunque ya sabe que me molesta que la mangonee así—. Prepara una tetera de inmediato. ¡Quiero probar este té! ¡En mi nuevo juego de té carísimo!

—No, espera… —digo, pero mi voz apenas sale como un susurro y Carolina me arrebata la cajita de las manos.

Ni siquiera sé qué pasa a mi alrededor, solo que Salma ya está en la cocina, calentando el agua; mientras Carolina revuela alrededor y deja caer la primera bolsita de té en la tetera de porcelana china.

El aire se congela a mi alrededor. El olor dulce y ligeramente ácido comienza a llenar la habitación, y siento que el corazón se me detiene, que estoy perdiendo la cabeza.

Este aroma… es imposible confundirlo.

Es el té que Liliana solía hacer… ¡puedo jurarlo!

Estas son como migajas de tortura que el destino me va dejando para anunciármela.

—¡Maldición, maldición! —gruño mientras alcanzo el paquete y leo el nombre en otra bolsita, un nombre que me devuelve las memorias más intensas de mi vida.

“Té de fresas salvajes”.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE