TOMO 3. CAPÍTULO 110. De donde yo vengo
Liliana
Beso a mis bebés en la frente, uno por uno. Brianna está juguetona y no quiere soltar mi collar, increíble que no me importe algo que cuesta dos millones de dólares.
Mientras, Brendan se ríe a carcajadas viendo cómo trato de quitármela de encima sin despeinarme. Beri los carga con paciencia, un brazo para cada uno y luego me espanta como si fuera yo la que no los deja dormir.
—Shu shu, ya vete a divertirte. Y por ellos no te preocupes —me dice con su tono tranquilizador de siempre—. Nada les pasará. Estaremos aquí cuando vuelvas.
Suspiro y acaricio la mejilla de Brendan antes de mirar a Beri.
—Gracias. De verdad.
—Haz lo que tengas que hacer, Lili. Nosotros nos encargamos aquí.
La miro una última vez antes de salir.
No, no estoy preocupada porque le dejo un equipo de seguridad incluso mayor que el que me llevo.
Ahora vivimos en una de las enormes haciendas que compré, rodeada de plantaciones de fresas que se extienden hasta donde alcanza la vista.
La mayoría de las tierras solo están destinadas al cultivo, pero esta hacienda es enorme y tiene una posición excelente para la seguridad. Como dice Beri: desde el tope de la colina se puede ver venir cualquier cosa. Y lo irónico es que en estos últimos meses me he encargado de ponerme en el tope de todas las colinas.
Este lugar es mi refugio y el hogar de mis hijos. Pero esta noche no voy a quedarme en casa.
¡Después de todo tengo una fiesta a la que asistir!
Cuando llego al coche Arthur ya me espera, impecable como siempre. Se baja para abrirme la puerta y sonríe.
—¿Lista para hacer una entrada? —pregunta con un toque de diversión en la voz.
—Más que lista —le respondo, acomodándome el vestido. Este fue diseñado especialmente para la ocasión, un trabajo hecho a medida que exuda elegancia y fuerza, justo todo lo que siento ahora.
El viaje hasta la hacienda donde será la fiesta es tranquilo. Por la ventana puedo ver los extensos campos, los árboles iluminados por la luz de la luna; y Arthur me mira de reojo, como evaluando mi expresión.
—No te preocupes, jefa —dice al fin—. Sabes que tenemos todo bajo control.
Le sonrío con un poco de indiferencia y niego.
—No todo, pero así será mucho más interesante.
—Eso no te lo puedo discutir, más después de toda la información que hemos reunido.
Y eso es cierto, hay muy poco que no sepa ahora sobre Logan.
—Es increíble lo que hace beber con extraños en un bar para esquiadores —murmuro y Arthur suspira.
—Odio esquiar, pero no puedo negar que tres tragos y lo mismo Christian que su padre cantaron hasta lo que no les pregunté —replica.
Y eso es cierto, Arthur es además un excelente espía, así que me consiguió información interesante y confiable sobre la vida de mi señor Greñitas en los últimos meses.
Sus ojos recorren mi rostro, mi cuerpo, y puedo ver la incredulidad en su expresión: pero cuando vuelven a los míos, solo le devuelvo intensidad y satisfacción.
Carolina por otro lado, sigue su mirada, furiosa, y no tarda ni dos segundos en reaccionar cuando me ve.
—¡¿Qué hace ella aquí?! —grita, señalándome mientras cruza el salón, llamando la atención de todos.
Hasta el último de los presentes se voltea a mirar; siento la tensión crecer a mi alrededor, pero no muevo ni un músculo.
—Señora St Jhon… por favor, ¿qué cree que hace? —intenta detenerla uno de los invitados, poniendo un brazo frente a ella a modo de barrera.
—¡Esa mujer es una prófuga de la justicia! ¿Cómo pueden aceptar que una criminal venga a una fiesta como esta? —dice, con el tono más venenoso que he escuchado en mi vida… bueno, el segundo más venenoso, el primero fue el día que me dijo que me quitaría a mis hijos—. ¿No saben quién es?
Arthur da un paso adelante, colocando su cuerpo entre Carolina y yo, pero levanto una mano para detenerlo. Puedo manejar esto sola.
—¿Criminal? —repito con una sonrisa fría—. Me gustaría escuchar qué clase de acusación está haciendo, señora St Jhon —y arrastro el apellido mientras Logan corre hacia nosotros.
—¡Oh, por favor! —bufa ella y su mirda va de Arthur a mí con una expresión de desprecio—. ¿En serio traes a esta mujer aquí? ¿Qué va a pensar el dueño de BR Savage Tea cuando sepa que su CEO lleva a la fiesta a una puta como esta?
Y ni siquiera lo pienso, de que cualquiera reaccione, antes de que Logan llegue a nosotras, mi mano ya se ha levantado y le acaricio la mejilla a Carolina con una bofetada que resuena en el aire.
La veo tropezar hacia atrás y caer al suelo, sosteniéndose la cara con incredulidad, y yo me inclino ligeramente hacia ella, sin perder la compostura.
—De donde yo vengo no se aceptan insultos —le digo con una sonrisa suficiente—. Insúltame otra vez, y pondré tus dientes en una de mis bolsitas de té… una que le mandaré amablemente para el desayuno al señor St Jhon.

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