TOMO 3. CAPÍTULO 120. Los hilos sueltos de la verdad.
Logan
No puedo creer todo lo que estoy escuchando.
Las palabras de Liliana estallan en mi cabeza como una campana que no deja de sonar. Y me siento como un espectador invisible en una historia a la que le faltan demasiadas partes.
Esta Liliana que ha regresado es una mujer demasiado dura, y sé que ya no da puntada sin hilo. El problema es que sus hilos, que parecían sueltos hasta este momento, son un retrato fino y peligroso de la verdad.
Todo lo que dice, cada gesto, tiene un propósito, una intención. Por eso sé, con absoluta certeza, que si ella está aquí, arrinconando a Derrick de esta forma, es porque puede. Porque tiene la ventaja, porque sabe algo que ellos dos saben y yo no. Tal como sé que ella no me obligó a presenciar esto, pero aún así me conoce lo suficiente como para anticipar que yo vería esta escena.
Veo la forma en que mi antiguo capataz palidece cuando se menciona la declaración jurada… La forma en que Derrick se desespera, en que su respiración se vuelve errática… esa es la verdad a gritos de que esa declaración que dio no fue del todo cierta.
Liliana se da la vuelta con una calma aterradora, como si ya hubiera ganado esta partida, pero antes de que alcance la puerta, Derrick pierde el poco control que le queda.
—¡Espera! —grita con voz temblorosa; y ella se detiene pero no se molesta en girarse. Derrick da un paso hacia ella, casi suplicante—. Déjame en paz, Liliana. Podemos negociar… te diré todo lo que quieras saber.
Y Liliana se ríe. Una risa baja, cargada de desprecio, como si las palabras que acaba de escuchar fueran un mal chiste.
—¿Decirme todo? —replica, girándose para mirarlo y esa forma en que sus labios suben inconscientemente sobre sus dientes es tan típica de un depredador que me da escalofríos—. ¡Tienes que ser muy estúpido para pensar que no lo sé ya! Sé desde quién te pagó, hasta cómo estás gastando tu dinero. Sé lo que prometiste y lo que te prometieron. Sé cómo mentiste y lo que ganaste por eso. Sé incluso cuál es tu patético plan de respaldo para escapar del país en caso de que todo se desmorone… como ahora.
La expresión de Derrick se derrumba y Liliana da un paso hacia él, con esos ojos fijos como si estuviera a punto de asesinarlo.
—Por cierto, no deberías esconder dinero en el falso techo de tu casa. Y tus cuentas privadas en Caimán… ya no son tuyas. —Su voz es un susurro venenoso—. Lo tomaré como un adelanto de la demanda. ¡Ah, y tu pasaporte ya está reportado en la frontera de México! Buen intento.
Derrick intenta balbucear algo, pero Liliana lo silencia levantando una mano.
—No estoy haciendo esto por la verdad. Lo único que me interesa, maldito cobarde infeliz, es devolverte lo mismo que me hiciste. —Su tono es tan frío que puedo jurar que en la sala más de uno se estremece.
Ella se da la vuelta y se dirige hacia la puerta, esta vez sin detenerse; y yo intento seguirla, quiero respuestas, pero Arthur Wexler se interpone en mi camino.
—¡Lili…!
Mi puño se estrella contra su rostro con un golpe seco. La sangre brota de su nariz, pero no me importa. Lo arrastro más cerca, sacudiéndolo de nuevo.
—¡Me mentiste en la cara! —le grito antes de volver a golpearlo—. ¡Me dijiste que mi esposa me había sido infiel contigo! ¡Que la conocías desde hacía tiempo! ¡Que te acostabas con ella! ¿¡Eso también era mentira?!
Derrick se ríe y es un sonido ronco y lleno de desprecio, incluso con la nariz rota. Se limpia con la manga de la camisa de diseñador y luego me escupe a los pies.
—Pues fíjate que yo pude haber dicho lo que fuera, pero no te obligué a creerme.
Y esa respuesta es como gasolina en el fuego. Le doy otro golpe, más fuerte que el primero. Su nariz cruje y ahora sangra más. Derrick se tambalea, cae contra el escritorio, jadeando y vuelvo a pegarle… ni siquiera sé cuándo me detengo.
—¡Habla! —le exijo, apuntándolo con el dedo—. ¡Dime la verdad de una vez!
Pero lo que responde simplemente me congela.
—¡Suéltame! —exclama con una sonrisa rota y los labios manchados de sangre—. Sé que siempre te has creído la gran cosa, imbécil, pero tú eres a quien se le debería temer en esta historia. ¡Así que puedes largarte por donde llegaste, porque no te voy a decir ni una maldit@ cosa!

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