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IMPERDONABLE romance Capítulo 124

TOMO 3. CAPÍTULO 124. El inicio de un día

Logan

El camión viene hacia nosotros como una bestia desbocada, y por un instante todo lo que puedo oír es mi respiración, fuerte y descontrolada, mezclada con el sonido de los neumáticos chirriando.

Giro el volante en el último segundo, esquivándolo por un pelo.

El camión no frena.

Pasa de largo y, cuando miro por el retrovisor, lo veo estrellarse de lleno contra la camioneta que nos seguía. El impacto es brutal, un estruendo que sacude todo a mi alrededor; y el aire se llena de polvo y humo mientras los restos del choque quedan atrás.

Freno de golpe fuera de la carretera, y el auto derrapa un poco antes de detenerse por completo. Mis manos todavía están firmemente en el volante, y me doy cuenta de que estoy temblando. Pero eso no importa. Me giro hacia Liliana y mi corazón se detiene cuando la veo.

—¡Lili! —grito, soltándome el cinturón y lanzándome hacia ella.

Está medio inconsciente, su cabeza ladeada contra el asiento, con sangre deslizándose por su sien. La sacudo ligeramente, esperando que responda, que me diga algo, cualquier cosa.

—Liliana, mírame. ¡Despierta, por favor! —insisto y mi voz suena tan desesperada que apenas la reconozco.

No reacciona.

Salgo del auto lo más rápido que puedo y corro al otro lado para sacarla. Mis manos tiemblan mientras desabrocho su cinturón. La levanto con cuidado, como si fuera de cristal, y la llevo hacia un pequeño claro de hierba junto a la carretera. El miedo me consume, una sensación que nunca antes había sentido, una que me cala hasta los huesos.

La acuesto en la hierba, intentando controlar mi respiración mientras reviso sus heridas. La sangre sigue saliendo de su cabeza, y yo grito. Hay decenas de autos deteniéndose a ambos lados del choque, alguien tiene que llamar a una ambulancia. Esto no puede estar pasando, no puedo perderla.

—Por favor, Lili, aguanta un poco más. —Mi voz tiembla mientras tomo su mano, esperando algún tipo de reacción; pero sigue inmóvil, su pecho sube y baja lentamente y yo siento que pierdo el aliento a cada seguendo.

Escucho sirenas en la distancia. Alguien debe haber llamado a emergencias, aunque no sé quién. No importa. Lo único que importa ahora es Liliana.

En cuestión de pocos minutos las ambulancias y los coches de policía llegan al lugar. Los paramédicos corren hacia nosotros, y yo no quiero soltarla, pero uno de ellos me empuja suavemente hacia atrás.

—Déjenos trabajar, señor —me dice, y aunque no quiero tengo que alejarme.

Los minutos se sienten como horas. Ellos revisan a Liliana, le ponen un collarín y la suben a una camilla antes de llevarla a la ambulancia. Yo no pienso. Simplemente subo con ella, sin pedir permiso.

—Es mi esposa —miento cuando alguien me pregunta. No me importa que no sea verdad. En este momento, Liliana es todo lo que importa.

Mientras estamos en la ambulancia, miro por la ventana. Pasamos junto al accidente, y el horror me golpea como un balde de agua fría. El camión destrozó por completo la camioneta negra, por muy blindada que fuera. No hay mucho que pueda resistir un impacto como ese a tan alta velocidad.

—¿Qué carajos pasó? —me pregunta, y su tono es cortante, como si ya supiera la respuesta pero quisiera oírla de mí.

—Derrick. Trató de matarla —le digo con el poco aliento que me queda—. Nos embistió en la carretera con una camioneta blindada.

Arthur parpadea, procesando mis palabras, y entonces asiente con la mandíbula apretada.

—Encontraré al infeliz —murmura más para sí mismo que para mí.

—No necesitas buscar mucho. —Respiro hondo porque no hay una forma suave de decirlo—. Lo encontrarás esparcido por diez metros de carretera. Chocó de frente con un camión.

Arthur frunce el ceño, y por primera vez lo veo desconcertado. Entiendo que está esperando una descripción más detallada de los hechos, pero antes de que pueda explicarle más, siento una mano firme en mi hombro. Me giro, y ahí están: dos policías.

—¿El señor Logan St Jhon? —pregunta y cuando me ve asentir le hace una señal a su compañero—. Queda arrestado por causar un accidente vial que resultó en una muerte —dice mientras el otro me sujeta con fuerza.

—¿Qué…? —pregunto, incrédulo.

Intento resistirme, pero no sirve de nada. Me esposan mientras Arthur me observa y su expresión se vuelve más fría con cada segundo.

Y así es como empieza este día: con Liliana en una camilla luchando por despertar, Derrick muerto en un amasijo de metal, y yo... yo estoy esposado, dirigiéndome a una celda, acusado de un crimen que puede costarme una vida en la cárcel.

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