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IMPERDONABLE romance Capítulo 20

CAPÍTULO 20. Un animal, una bestia, un bruto…

Liliana

No hay una sola persona a nuestro alrededor que no lo mire con desaprobación, pero Logan es un ogro con todos, no solo conmigo, así que al parecer ellos saben sobrellevarlo mejor que yo. Cada uno toma su rumbo y se aleja, hasta que solo nos quedamos los dos mirándonos como si fuéramos a matarnos.

Le doy la espalda y me voy a la habitación porque no tengo ningún otro lugar a dónde ir, y el maldito sonido de las ruedas detrás de mí me dice que ni siquiera ahí me dejará en paz.

Logan se planta en medio de la habitación, cerrando la puerta de golpe tras de sí. Su mirada es fría, pero hay algo más, una furia contenida que amenaza con desbordarse en cualquier momento.

—¿Soy tu prisionera ahora? —escupo con desesperación y él asiente sin más.

—Si quieres otro tipo de prisión solo tienes que decírmelo —me advierte—. ¡Pero te aseguro que a partir de aquí solo se va a poner peor! Y no me importa si es hoy, mañana o dentro de un mes, pero tarde o temprano vas a decirme lo que quiero saber. ¿Quién en mi familia te está ayudando? ¿Quién te dio el anillo de mi madre?

Mis ojos se abren asustados y sé que él lo nota.

—¿De tu… de tu familia…? —balbuceo y él me mira como si de verdad fuera la peor mentirosa del mundo.

—¡No te hagas la idiota, ese anillo estaba en mi caja fuerte y si tú jamás pisaste esta casa, entonces tú no pudiste sacarlo! —me espeta—. Eso significa que alguien muy cercano a mí abrió mi caja fuerte y aquí no tiene acceso más que mi familia. ¡Puedo ser un cabrón, pero no soy estúpido, Liliana! ¡Pero quien hizo esto no me debe conocer mucho, porque que tú tuvieras ese anillo es lo que me hace sospechar que lo que pasó con Kalaz no fue un accidente!

Se acerca a mí y tira de mi mano, sujetando mi cara con fuerza.

—¡Yo no sé quién trató de lastimarte! —exclamo.

—¡Pero sabes otras cosas, por eso estás tratando de escaparte! ¡Porque el plan no les salió bien! Su voz es grave, áspera, y siento un escalofrío recorrerme la espalda—. ¡Pero cuando acabe con ustedes la prisión de esta hacienda te parecerá bonita!

Lo miro fijamente, y el dolor se me atora en la garganta.

—¿¡Me vas a negar que estabas escapando!?

—¡Claro que estaba escapando! —grito porque estoy a punto de romperme—. ¡Por supuesto que estaba escapando, porque si al menos me dieras oportunidad de explicar, de decirte…! ¡Pero tú no quieres explicaciones, no quieres la maldit@ verdad, solo quieres sangre porque eres un animal, una bestia, un bruto y…! ¡Y te odio!

Mi vestido se rasga con un tirón y siento el aire frío sobre mi piel. Ahogo un jadeo cuando las manos de Logan se cierran sobre mis caderas y me pega más contra él. Sentada a horcajadas sobre su regazo soy capaz de sentir lo mejor y lo peor de su cuerpo, como una marea de rabia con deseo que se llevara todo; y hay calor… tanto calor entre los dos…

Su boca encuentra mis pechos, mordiendo y chupando con una intensidad que me hace gemir a pesar de mí misma, mientras baja uno de los tirantes del brasier.

—Logan… —Mi voz es un susurro ahogado, y no sé si estoy pidiendo que pare o que siga.

Él levanta la cabeza, con esos ojos oscuros y fríos clavados en los míos. Hay algo salvaje en su mirada, algo que me asusta y, al mismo tiempo, me atrae de una forma que no quiero admitir. Porque puedo ver ahí al señor Greñitas, herido y dolido a pesar de la rabia.

Uno de sus brazos rodea mi cintura y puedo sentir su erección empujando contra mí a través de la ropa. Todo dentro de mí se estremece, especialmente cuando sus dedos suben sobre mis muslos, bajo mi vestido, y recorren el encaje lateral de mis bragas… sin llegar a tocarme en realidad. Siento su erección latir contra mi sexo y mis ojos se cierran, porque esta sensación… no puedo… solo… no puedo evitarla…

—¿Sabes que puedo sentirlo, verdad? —gruñe con voz ronca. Su respiración es pesada, igual que la mía, y por un momento el mundo se reduce a este momento, a este contacto furioso y desesperado entre nosotros—. Puedo sentir lo mojada que estás, lo caliente que estás…

Y entonces me suelta. Mi cuerpo se ve de bruces contra el suelo y él me mira desde arriba.

—Parece que después de todo tenemos una química especial, Liliana —dice con una sonrisa cruel—. Me aseguraré de probarla pronto.

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