CAPÍTULO 23. Cuestión de tiempo.
Liliana
Limpio la tumba de mamá con cuidado, como si al hacerlo pudiera limpiar también la tristeza que siento cada segundo en que ella no está. Las flores que traje, unas dalias y geranios que tomé del jardín de la hacienda, las acomodo con delicadeza frente a la lápida. Incluso aunque no tuviera prohibido salir de la casa, no podría permitirme un ramo de una florería, pero al menos estas vienen con todo mi corazón en ellas.
Logan me observa desde un par de metros atrás, pero no dice nada. Su silencio pesa más que cualquier comentario.
—¿Ella… no sobrevivió a la operación? —pregunta de repente, con un tono seco, pero menos cruel de lo habitual.
Siento un nudo en la garganta, y lo miro, ¿cómo sabe de la operación…? No recuerdo haberle dicho…
Pero no tiene caso romperme la cabeza con algo inútil, así que paso saliva y me obligo a responder.
—A la operación sí —murmuro con un susurro mientras mis ojos se vuelven húmedos y pesados—. Pero su cuerpo rechazó el riñón.
Las lágrimas empiezan a correr sin que pueda detenerlas. Me siento cansada, agotada de fingir que todo está bien cuando no lo está.
Logan se mueve más cerca, como si sus palabras necesitaran acortar la distancia para alcanzarme.
—¿Por eso decidiste ser mi donante? —pregunta y sus ojos oscuros se clavan en mí, esperando algo más que una simple respuesta.
Suspiro, sin fuerzas para seguir evadiéndolo. ¿Qué caso tiene mentirle?
—Sí —admito, sin levantar la mirada, mientras mis dedos recorren despacio el mármol de la losa—. Pensé que podía compensar lo que no pude hacer por ella. No era compatible con mi madre, así que no pude ayudarla… pero cuando me dijeron que era compatible contigo… creí… creí que era el destino. Sentí que era una oportunidad para salvar una vida, y te puse en su lugar yo… solo te puse en su lugar. No estaba viéndote a ti cuando decía que sí, la estaba viendo a ella… ¡Solo quería que volviera… solo… lo quería que mamá volviera!
El silencio que sigue a mis palabras es ensordecedor. Me cubro la cara con las manos y trato desesperadamente de controlarme o de lo contrario terminaré gritando aquí mismo, estoy tan rota que no hay absolutamente nada en mí que no duela.
—¿Y el resto de tu familia? —pregunta, pero su tono sugiere que ya sospecha la respuesta.
Levanto la mirada hacia él, viendo el mismo rostro frío y distante de siempre, pero algo en sus ojos parece menos… cruel.
—Toda mi familia está aquí —digo señalando las tumbas que rodean la de mi madre—. Mi mamá era huérfana, y mi padre y mis abuelos murieron en un accidente de auto cuando yo tenía doce años. Después de eso, solo fuimos mamá y yo.
Logan asiente lentamente, como si estuviera procesando la información, pero no dice nada. Me pregunto si está buscando las palabras correctas o si simplemente no le importan los detalles de mi vida. Entonces, como si no pudiera evitarlo, murmura:
—Luego tu madre enfermó, y no pudiste seguir estudiando. Fue hace cuatro años ¿verdad?
Mi respiración se corta en un segundo, como si mi cuerpo entero se congelara. Esas palabras, las he dicho antes, pero no en una conversación directa con él. Me doy cuenta de inmediato de lo que está pasando, con esto igual que con mi alergia a la vainilla: Logan está recordando. Todo lo que le conté mientras estaba en coma, todo lo que creí que sería como un secreto de confesión… él estuvo escuchando todo el tiempo, y poco a poco, eso está regresando a su memoria.
—¿Recuerdas cosas sobre mí? —pregunto con cautela, aunque mi corazón late con fuerza.
Él se queda callado un momento, como si estuviera considerando mi pregunta, y su respuesta simple y directa esta vez, sin nada de amenazas.
—Fírmame una renuncia a mis bienes.
Lo miro, sorprendida, porque no entiendo de qué está hablando, y él me mira como si no me creyera y no me da tiempo para procesar mucho más.
—No firmamos un contrato prematrimonial, quiero que me lo firmes ahora, una renuncia a todos mis bienes, para que cuando nos divorciemos no puedas llevarte la mitad de mi dinero. ¿Qué dices? —me pregunta con sus ojos fijos en los míos y yo paso saliva.
Ahora todo tiene más sentido. Entiendo por qué no quiere divorciarse. Si no hubo contrato prematrimonial y nos separamos, la mitad de todo lo que tiene sería mío. A mí nada de eso me interesa, pero sé lo que podría pasarme si firmo algo que evidentemente perjudicaría los planes de Ryker y él se entera.
—Estás dudando —me acusa Logan y yo niego.
—No es eso —respondo—. Te firmaré lo que quieras, pero tengo una petición.
Una leve sonrisa, más sarcástica que complacida, cruza su rostro.
—¿Me vas a poner condiciones?
—Te la diré después de firmar —le digo porque necesito que empiece a confiar en mí. Si quiero ponerle un fin a esta pesadilla necesito que empiece a confiar en mí—. Así que no será una condición. Realmente será una petición… por favor.

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