TOMO 2. CAPÍTULO 56. Una batalla entre príncipes.
Liliana.
No sé si es una orden, una petición o qué; solo que cada palabra que sale de los labios de Logan me deja paralizada.
—¿Estás… estás seguro? —le pregunto casi balbuceando—. Ni siquiera… ni siquiera sé qué somos de verdad… Logan…
Y si soy honesta no estoy del todo segura que aparentar ser algo que nunca hemos sido de verdad sea una buena idea. Es un caos emocional estar cerca de él, pero también me da una especie de paz que no quiero admitir.
Logan suspira y niega con la cabeza, como si mi respuesta fuera un desafío más que aceptar.
—Bueno, si no estás segura, siempre podemos inventar una excusa, ¿no? —Su tono es ligero, pero puedo notar que hay algo más detrás de sus palabras.
—¿Qué excusa, Logan?
—Mmm, no sé… —dice con un suspiro largo y un poco impotente—. Podemos decir que todavía no hemos logrado averiguar quién nos está atacando en realidad —advierte y eso no puede ser más cierto—. O podemos decir que pronto vuelven las sesiones de fisioterapia y solo tú puedes asustar lo suficiente al fisioterapeuta para que me trate bien.
Su respuesta me saca una carcajada, y me doy cuenta de lo fácil que es reír con él, incluso cuando mi mente está llena de dudas.
—Está bien. Me quedaré —le digo finalmente, aunque mi voz es un poco más firme de lo que me esperaba—. ¡Dios sabe que tenemos que estar locos los dos pero…! me quedaré.
Logan me sonríe, con esa expresión tan suya que parece iluminar toda la habitación. Y este, este es justo el momento en que alguien debió advertirme que corriera, que no me quedara, que el amor es la enfermedad más terrible del ser humano y que acabaría pagando las consecuencias de esta decisión.
—Voy a quedarme y a ayudarte a que te recuperes. ¿De acuerdo? —le digo y levanta una ceja coqueta.
—¿A recuperarme? —pregunta, divertido—. Bueno… Esteban dice que si hago bien las cosas, en un mes voy a estar de pie y podré volver a caminar bien.
—Pues haremos que lo logres antes —le digo y muy dentro de mi corazón empiezo a creer que sí se puede—. Lo vamos a lograr. Es una promesa.
Logan asiente con un suspiro resignado totalmente fingido y acaricia uno de mis muslos por encima de la ropa.
—En ese caso… si vamos a lograrlo… voy a necesitar que me consientas un poco —dice como si fuera un niño chiquito y yo me inclino para rozar su boca.
—¿Consentirte? —repito, besándolo despacio—. ¿Y con qué quiere el señor que lo consienta, exactamente?
Logan sonríe, y puedo ver el brillo travieso en sus ojos antes de que responda.
—Pues ya que no puedo probarte a ti… me conformo con uno de tus tés de fresas.
Mis mejillas se calientan al instante, y siento cómo mi corazón se acelera, pero intento disimularlo. ¡Este quiere de té lo mismo que me dejó de virgen!
—Voy a hacerte tu té. —Digo rápidamente, y me levanto para ir a la cocina.
Sin embargo en el camino algo me detiene. Hay algo que tengo que hacer antes, así que me acerco a Salma, que está organizando unas cosas en el comedor.
—Salma… ¿puedes llamar a Vincent y pedirle que venga? —le pido y ella frunce el ceño, un poco confundida.
—¿Ahora?
Hay un momento de silencio, como si él estuviera procesando mis palabras mientras acaricia mi cuello y mis brazos; y luego vuelve a hablar.
—¿Y me quieres?
Sus palabras son suaves, pero directas, y siento un nudo formándose en mi garganta. Mis ojos se humedecen, y sé que no puedo mentirle.
—No lo sé… —admito en voz baja, porque estamos en una situación tan caótica que ahora mismo la sinceridad es lo único que puede salvarnos—. No sé si te quiero a ti, o a la idea tan hermosa del hombre que imaginé cuando estabas en coma. Al hombre que necesitaba para protegerme.
Logan me mira con una mezcla de sorpresa y algo de tristeza, una que disimula muy bien tras un atisbo de diversión.
—¡¿Estás diciendo que tengo que competir con un príncipe azul por tu cariño?! —me reclama con una sonrisa—. ¡A ti no te gusta ponerme nada fácil, ¿verdad Fresita?!
No puedo evitar reírme un poco, a pesar de la seriedad del momento.
—Es complicado…
—Complicado es estar en esta silla cuando quiero levantarte en brazos y probarte que soy mejor que ese tipo. —Logan sacude la cabeza, fingiendo indignación, pero luego sonríe.
Pasamos el resto del día juntos, hablando de cosas sin importancia, riendo por tonterías, y por supuesto haciendo un desastre mientras intentamos entender la macetita inteligente.
Cuando llega la noche, estoy agotada, pero también tranquila de una manera que no entiendo del todo. Cierro los ojos cuando me envuelve en un abrazo y mi respiración se suaviza cayendo en el sueño. Y estoy a punto, a punto de quedarme dormida cuando escucho su voz, tan suave que es casi un susurro.
—Te quiero, Fresita.

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