TOMO 2. CAPÍTULO 57. El incentivo correcto
Logan
Han pasado dos semanas desde que comencé con las fisioterapias de verdad. Ya no son esos ejercicios aburridos sentado en una silla o acostado en la cama. Ahora estoy de pie, avanzando, aunque sea un paso a la vez, y cada día me siento más fuerte.
Liliana está conmigo en cada momento. Es como mi sombra, pero una sombra radiante, llena de energía. La veo mejor también. Sus ojos tienen más brillo, su risa sale más fácil, y ya no tiene ese miedo constante que antes la rodeaba como una nube. Si me preguntan, creo que verla mejor me ayuda más que cualquier medicina.
—Eso, señor Greñitas, un paso más. ¡Tú puedes! —me anima con una sonrisa enorme, mientras me sostengo de las barras paralelas que usamos en el gimnasio de la casa para los ejercicios.
—Fresita, si repites "tú puedes" una vez más, voy a pensar que soy un comercial motivacional.
Ella suelta una risita y se cruza de brazos.
—Bueno, entonces deja de quejarte y camina.
Resoplo, pero me muevo. ¡Qué mandona es! Un pie, luego el otro. Es un infierno al principio, como si mis piernas fueran de plomo. Pero poco a poco empiezo a encontrar un ritmo. Mi cuerpo recuerda lo que es caminar, sostenerse sin ayuda.
—Eso, Greñitas, ¡eso es! —grita emocionada, y me doy cuenta de que ya no me está mirando con preocupación, sino con orgullo.
Doy otro paso, y otro. Mis brazos tiemblan al sostenerme, pero no importa. Lo importante es que estoy avanzando. Cuando llego al final de las barras, me detengo y me quedo ahí, jadeando como si hubiera corrido una maratón.
—Listo, terminé por hoy. —Intento sonar firme, pero mi voz sale como un suspiro mientras Liliana se acerca, coloca una mano en mi espalda y en la otra sostiene un lindo bastón delante de mí.
Si no me lo estuviera acercando ella lo odiaría.
—Estás mejorando mucho. —Su voz es suave, casi como una caricia.
—¿Mejorando? ¿Qué soy, un proyecto en construcción?
Ella rueda los ojos.
—¡Más bien un caso perdido!
—¡No quiero usar bastón!
—¡Justo lo que acabo de decir! —exclama ella.
Ambos nos reímos, y de repente, no siento tanto el cansancio. Es increíble lo que puede hacer su risa… hasta que vuelvo a ponerme serio.
—Pero no quiero el bastón.
—¡Greñitas!
Esa noche, estoy acostado en la cama, pensando en el día. Mis piernas están cansadas, pero no me duele nada y eso es nuevo. Antes, cada pequeño movimiento era una tortura. Ahora, es solo un cansancio que me dice que estoy mejorando, avanzando.
Liliana entra en la habitación y se enfurruña cuando ve el bastón inútil al lado de la cama.
—¿De verdad no lo vas a usar?
Cuando finalmente llego al baño, estoy sudando y agotado, pero más… “entusiasta” que un adolescente frente a la página central de Playboy. Liliana está ahí, con el agua al cuello dentro de jacuzzi, sonriéndome.
—Lo lograste. —Su voz está llena de orgullo, pero también de algo más, algo que me hace sentir como si hubiera ganado la mejor carrera de mi vida.
Me acerco a ella, dejando caer el bastón al suelo y metiéndome al agua con ropa y todo porque tengo este delicioso presentimiento de que me la va quitar ella.
—Sabes lo que me haces sentir, ¿verdad?
—¿Y tú sabes lo que haces cuando me miras así? —me responde, acercándose.
Alcanzo su cintura y la atraigo hacia mí; y el beso es suave al principio, pero rápidamente se convierte en algo más intenso, más urgente.
El agua está caliente, pero ni siquiera eso hace que mi cuerpo se relaje. La muevo despacio, subiéndola sobre mí a horcajadas, y ella me mira a los ojos con esa mezcla de dulzura y travesura que me vuelve loco.
—¿Esto era lo que querías? —pregunta con voz baja y seductora.
—Esto es más de lo que podría pedir —susurro antes de que mi lengua se hunda en su boca con un beso posesivo y devastador.
He pasado semanas sin poder tocarla, y cada caricia hace más evidente que eso no me está pasando factura solo a mí.
Puedo sentir la necesidad vibrándole en la piel, la urgencia en sus manos cuando se deshace de mi ropa mientras el agua y la espuma burbujean alrededor de los dos.
Sujeto sus caderas y la atraigo hacia mí, y en este momento no existe nada más. Solo ella y yo, el calor del agua y la sensación de estar completo por primera vez en mucho tiempo.

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