—¡Ah! ¡Ahhhh!
Sabrina Benítez saltó de su silla gritando. Con los ojos muy abiertos, miraba fijamente sus puntos en la pantalla grande.
—¡Mis puntos! ¡¿Dónde están mis puntos?!
Hacía solo un minuto, el Equipo Atrapasueños estaba en primer lugar, con una ventaja inalcanzable, mirando a todos desde la cima. ¿Cómo era posible que ahora sus puntos hubieran desaparecido?
Ante sus ojos, estaban a punto de caer por debajo de la línea de clasificación. Mientras tanto, los puntos de ese patético equipo de Kiara habían subido de manera inexplicable.
¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era esto posible?
La cordura de Sabrina se desmoronó. Con los ojos inyectados en sangre, miró a Kiara con ferocidad.
—¡Eres tú! ¡Tú hiciste esto, ¿verdad?!
Apretó los puños, temblando de rabia.
—¡Hiciste trampa! ¡Esto definitivamente es trampa! —comenzó a gritar enfurecida—. ¡Kiara, no tienes vergüenza! ¿Sabes qué tipo de competencia es esta? ¡¿Cómo te atreves a hacer trampa?! ¡Nos estás dejando en ridículo frente a toda la Universidad Libre del Sur!
Se giró desesperada hacia el panel de autoridades.
—¡Juez, exijo una investigación! ¡Quiero denunciarla!
Señaló a Kiara con un dedo tembloroso, y su voz aguda hizo que varios fruncieran el ceño.
—Denuncio que el equipo de Kiara hizo trampa. ¡Usó medios ilegales para hackear nuestro sistema y robarnos los puntos! Exijo que la descalifiquen de inmediato. ¡Alguien que hace trampa así no merece estar aquí!
El juez, que tenía la tarjeta amarilla en la mano, también estaba atónito. ¡En todos sus años supervisando eventos, jamás había visto algo semejante!
Había recibido dinero de la familia Benítez. Su trabajo era proteger al Equipo Atrapasueños a toda costa.


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