Patricio no esperaba que Kiara fuera capaz de caer tan bajo solo por intentar quedarse en Clarosol.
Soltó una carcajada burlona.
—Está cavando su propia tumba.
Hacer trampa en una competencia de este nivel significaba arruinarse la vida por completo. Qué patético.
Pablo asintió, dándole la razón.
—Entonces no tiene caso quedarnos a ver esto. Patricio, vámonos. Rodrigo Fuentes nos está esperando en la mansión de la familia Fuentes.
—No hay prisa.
Patricio se acomodó en un asiento libre y cruzó sus largas piernas.
Una sonrisa de satisfacción asomó en sus labios, borrando el mal humor que le había dejado su encierro de meses en el extranjero. Su ánimo había mejorado considerablemente.
—Quiero ver cómo termina este buen espectáculo —dijo relajándose contra el respaldo, sin quitar la vista del escenario.
En unos minutos, cuando el comité confirmara que Kiara había hecho trampa, ella sería señalada por todos. La expulsarían de la universidad frente a miles de personas. Incluso podría enfrentar cargos legales.
Sería tratada peor que un perro callejero.
Y justo en ese momento de desesperación absoluta, él aparecería ante ella como un salvador.
Entonces, ella comprendería que él era el único en el mundo capaz de ayudarla.
Si Kiara demostraba ser sensata, se arrodillaría, lloraría y suplicaría su perdón. Y él, en nombre de los años que ella lo amó, podría considerar arreglar ese desastre por ella. Le enseñaría que, si quería sobrevivir en Clarosol, dependía exclusivamente de él.
A poca distancia, Pamela Ibarra no emitía palabra, pero en el fondo de sus ojos brillaba una intensa satisfacción. Deseaba fervientemente que el fuego consumiera a Kiara por completo. Quería que toda la familia Ibarra presenciara lo humillante que era Kiara, para que entendieran de una vez por todas que ella, Pamela, era la única capaz de darles honor y gloria.
Sin embargo... a medida que pasaban los minutos, algo cambió.
Los rostros serios de los expertos que analizaban el equipo de Kiara comenzaron a transformarse. Primero mostraron confusión. Luego asombro.
Finalmente, sus expresiones se tornaron en pura fascinación.
—¡¿C-cómo es posible?!
Uno de los miembros veteranos en ciberseguridad señaló el código en pantalla, temblando.
—¿Qué clase de arquitectura es esta? ¡Nunca en mi vida había visto este algoritmo! La lógica detrás de este código es brillante. ¡¿Esto realmente lo escribió una estudiante?!

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