—¡Qué astuto es usted! —Otro de los expertos técnicos se apresuró a abrirse paso, temiendo quedarse atrás—. Concursante Kiara Ibarra, soy de la Asociación de Computación de Solarenia, ¿no le interesaría unirse a nuestra asociación? Nosotros nos dedicamos a poner en alto el nombre del país...
—¡Estamos en plena competencia, ¿qué hacen intentando reclutar gente aquí?! Concursante Kiara Ibarra, venga a nuestro instituto de investigación, ¡usted misma puede poner la cifra de su sueldo anual!
—Concursante Kiara Ibarra, aquí tiene mi tarjeta, ¡alguien con su talento es exactamente lo que más necesitamos!
...
A medida que uno hablaba, los demás lo seguían.
Aquel grupo de importantes personalidades, que por lo general se mantenían distantes y arrogantes, ahora rodeaban a Kiara como si fueran fanáticos enloquecidos.
Cada uno de ellos hablaba con fervor y genuino entusiasmo.
Cualquiera que los viera sabría que no había ni una pizca de falsedad en sus palabras.
Esas personas eran figuras respetadas a nivel nacional.
¿Y Sabrina Benítez se atrevía a decir que habían recibido sobornos?
Quizás a uno podrían haberlo comprado.
Pero, ¿a esa decena de peces gordos? ¿Acaso habían sobornado a todos?
Además, desde que empezó la competencia, la capitana del Equipo Atrapasueños no dejó de llamar muertos de hambre y equipo de pobres a los integrantes del Equipo Esperanza.
Entonces, ¿de dónde habría sacado dinero el Equipo Esperanza para comprar a tantas personalidades importantes?
¡Estaba hablando por hablar!
Los insultos desesperados y las acusaciones de Sabrina solo provocaron las burlas de los demás concursantes y del público en general.
Mientras tanto, frente a las ofertas de aquellos hombres influyentes, Kiara, recostada cómodamente en su silla ergonómica, mantenía su habitual expresión tranquila e indiferente.
Levantó la mirada hacia los que la rodeaban y dijo con voz serena:
—Lo siento, no me interesa. Estoy demasiado ocupada.
—¡Deja de fingir! —Sabrina sintió que la sangre le hervía al ver la actitud despreocupada de Kiara.
Su pecho subía y bajaba con violencia, y sus ojos estaban enrojecidos de ira:
¿Cómo era posible que no hubiera hecho trampa?
¿Cómo podía ser ella el genio informático que esos grandes expertos y profesores del país peleaban por reclutar?
¿No era ella solo una pueblerina que creció en el campo y que ni siquiera terminó la secundaria?
¿Cómo podía... cómo podía tener semejante capacidad? ¿Una técnica como esa?
—Patricio, ella... ¿de verdad es solo una chica de campo? —Pablo tragó saliva, luciendo como si hubiera visto a un fantasma—. ¡Esto, esto es una completa locura!
—Acabo de investigar, y esos tipos del equipo técnico son las máximas autoridades de la industria, ¡auténticas leyendas! No puedo creer que estén tratando de reclutar a, a...
El interior de Patricio era un torbellino de emociones abrumadoras y una inexplicable agitación.
De pronto se dio cuenta de algo...
Parecía que nunca había logrado ver a esa mujer por lo que realmente era.
Antes le parecía ordinaria, aburrida, y sentía que el simple hecho de que ella estuviera a su lado, con el título de prometida, era una total humillación.

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