Y lo más importante...
Todavía tenía que arreglar cuentas con la familia Benítez.
Y con la gente que los respaldaba.
El rechazo de la chica fue rotundo.
Ni siquiera se molestó en pensarlo.
Pero en lugar de ofenderse, aquellos hombres poderosos se emocionaron todavía más.
¡Esa era la actitud de una auténtica maestra!
¡De una leyenda intocable!
Mientras más los rechazaba Kiara...
Más desesperados estaban por conseguirla.
Desde las afueras de aquel alboroto...
Patricio, acompañado de Pablo y usando el prestigio de la familia Fuentes para abrirse paso, llegó a la puerta trasera.
Entrecerró los ojos. Al ver a Kiara rodeada de elogios, el fuego de la emoción ardió aún más en su mirada.
Justo cuando Kiara terminaba de rechazar al grupo de expertos y daba media vuelta para irse.
Él alzó la voz.
—Kiara.
Con un tono profundo y matizado por emociones indescifrables.
Permaneció allí parado, con las manos en los bolsillos, sin apartar la mirada de la espalda de Kiara.
Estaba seguro de que...
En cuanto ella escuchara su voz.
Se giraría desesperada.
Y luego correría hacia él, con el rostro iluminado de felicidad.
Patricio irradiaba absoluta seguridad.
Porque, desde el momento en que la familia Zúñiga la llevó a Clarosol, ella siempre iba pegada a su espalda, proclamándose como su prometida ante el mundo.
Se negaba a creer que...
En un par de meses.
Ella hubiese podido arrancar de su corazón todo lo que sentía por él.
Pero la escena que Patricio había imaginado jamás ocurrió.
La chica fría y arrogante ni siquiera se molestó en detenerse.
Fueron sus compañeros quienes voltearon a mirarlo.
Luego se acercaron a Kiara para susurrarle algo.
Se detuvo un instante y frunció apenas el ceño.
¿Se estaba arreglando para ella...?
¿Preocupándose por su apariencia ante la mujer que él mismo había desechado, esa supuesta prometida de mentira?
Pero la duda duró apenas un segundo.
Terminó de acomodarse el cuello y clavó sus ojos en el rostro de Kiara, que a pesar de no llevar una gota de maquillaje lucía absolutamente deslumbrante.
Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa:
—Kiara, sí que supiste esconderte bien.
—De no ser porque justo hoy regresé al país y vine a ver la competencia... ¿hasta cuándo pensabas ocultármelo?
Kiara entrecerró sus ojos claros y lo miró con el ceño fruncido.
No dijo nada.
Pero su mirada era exactamente la de alguien que acaba de toparse con un idiota en la calle.
Sin darse cuenta, Patricio continuó hablando con total confianza:
—¿De verdad me estuviste ocultando todo esto durante los últimos tres años? Quién diría que... con tan solo un par de meses de mi ausencia en Solarenia, lograste entrar a la Universidad Libre del Sur y hasta meterte en una competencia de este nivel.
Soltó una leve carcajada:
—Veo que al no hablarte en estos meses, te entró la desesperación.

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