No le quedaba ni una gota de dignidad para seguir allí.
Pamela, también incapaz de dar la cara, agachó la cabeza y corrió detrás de ella.
Abajo del escenario.
Patricio observaba la elegante silueta de Kiara y su equipo marchándose con paso firme.
También vio a la horda de académicos y figuras del gobierno apresurándose a seguirla.
Sus ojos reflejaban una profunda complejidad.
No podía dejar de verla marcharse, tragando saliva con desesperación.
Sintió como si, en ese instante, la sangre le hirviera en las venas.
Se pasó la lengua por los dientes con la mirada ardiendo:
—Kiara... jugaste la carta de hacerte la difícil y te salió perfecta.
—Tengo que admitir que cada vez me intrigas más.
Rio por lo bajo.
Y comenzó a caminar hacia el área de camerinos de la competencia.
Pablo se apresuró a seguirlo:
—Patricio, ¿no nos vamos a casa todavía? Si hacemos esperar demasiado a don Rodrigo...
—Tenemos tiempo —respondió Patricio apresurando el paso, con sus ojos fijos en esa figura delgada y deslumbrante que resaltaba entre la multitud—. Solo necesito unos minutos, eso bastará.
...
Mientras tanto, Kiara y sus emocionados compañeros se disponían a salir del estadio.
La primera ronda había concluido.
Tendrían un día entero de descanso antes de la segunda etapa del torneo.
Sin embargo, justo cuando estaban a punto de cruzar la puerta trasera...
La interceptaron.
Y desde luego, en un evento de semejante categoría, no era la prensa ni los periodistas quienes bloqueaban su camino.
Era un grupo conformado por los gigantes tecnológicos de Solarenia, hombres que con un solo movimiento podían hacer temblar a la industria entera.
Habían formado una barricada en la puerta trasera.
Santiago y los demás habían sido empujados hacia atrás, observando el espectáculo completamente boquiabiertos.
Sabían que su capitana era increíble.
Y que su talento era asombroso.
Cuando vieron a esos gigantes tecnológicos pelearse por ella en el escenario, les pareció un sueño.
Pero verlos ahora, casi a punto de pelearse a golpes olvidando todo pudor...
Les dieron ganas de pellizcarse para comprobar que no estaban alucinando.
Kiara, en cambio, se mantuvo fría e imperturbable en medio del bullicio. Mientras le ofrecían en bandeja de plata las oportunidades por las que tantos se romperían la cabeza, ella se limitó a soltar un bostezo y decir con pereza:
—De verdad, no tengo tiempo.
Y no era una excusa.
De verdad no tenía tiempo para esas tonterías.
Si llegara a aceptar alguna de esas ofertas...
El profesor Morales sería el primero en aparecer para irse a los golpes con esos sujetos.

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