Kiara se había puesto una bata blanca.
Ese rostro impactante y frío ahora tenía un aire de autoridad académica.
La hacía lucir inalcanzable, como una diosa inalcanzable.
La mirada de Patricio quedó cautivada por ella casi al instante.
Recordaba cuando la familia Zúñiga recién la había llevado a la ciudad.
La primera vez que la vio, también quedó impactado por su belleza.
Pero después...
Todos a su alrededor se burlaban de él por estar comprometido con una pueblerina sin modales.
Se reían de que ella no había terminado ni la preparatoria, y aseguraban que, si hablaban de temas complejos, la chica no entendería ni una palabra.
Se burlaban diciendo que, de tanto estar con ella, a él se le pegaría el olor a pobreza.
Poco a poco...
Patricio había empezado a despreciarla inconscientemente.
Mientras más miraba su rostro, más sentía que solo era un cascarón vacío sin gracia y sin intelecto.
Incluso cuando estaba a su lado...
No parecía su prometida, sino su sirvienta.
Pero ahora... no entendía por qué...
Mientras más la miraba, más sentía que ejercía sobre él una atracción fatal y enfermiza.
Ese rostro...
Le robaba el aliento con solo un vistazo.
Y hacía que su corazón se acelerara.
Kiara estaba parada frente a un equipo de investigación, manipulando algo con sus dedos largos y delicados.
Patricio observó el equipo en cuestión.
Era una estructura metálica negra y opaca, completamente lisa, sin ninguna marca o logotipo visible.
Se veía tan simple que parecía equipo pirata o chatarra ensamblada con piezas de desecho.
No impresionaba para nada.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste