—Vine hoy trayendo los modelos más recientes de tecnología avanzada directamente desde Aquilinia. Solo tienes que decir que sí, y donaré todo incondicionalmente a tu equipo.
Dentro del laboratorio...
Rosana y los demás detuvieron su trabajo, levantaron la vista y miraron hacia la puerta.
—¿Quién dejó la puerta abierta?
—Qué necedad con este tipo. Ya hasta nos siguió al laboratorio.
Fruncieron el ceño al ver a Patricio parado ahí, con la barbilla en alto, esperando que todos salieran corriendo a venerarlo por sus supuestos equipos de última generación.
Pusieron los ojos en blanco al mismo tiempo.
Les daba una pereza extrema lidiar con él.
¿De verdad este infeliz se creía el galán de una telenovela?
¿Y todavía se ponía a posar?
Antes de posar, ¿no podría mirarse en un espejo para ver si daba el perfil?
Cubierto de manchas de comida, solo se veía asqueroso y ridículo.
Ignorándolo por completo, bajaron la cabeza y siguieron trabajando.
Mariana Moreno, sin embargo, caminó directo hacia la puerta principal y extendió la mano para cerrarla.
—¡Kiara! —El rostro de Patricio se oscureció de nuevo al ver que lo ignoraban.
Dio dos pasos rápidos hacia adelante e interpuso una mano para evitar que cerraran la puerta.
—Kiara, escúchame. Deja de aferrarte a ese orgullo absurdo.
—Si estás en el mundo de la ciencia, deberías saber lo vital que es tener tecnología de punta para una investigación.
—Esos equipos piratas que usas tienen un margen de error brutal. ¿Con qué cara piensas competir contra los demás?
—Kiara, te doy una última oportunidad. ¡Con solo decir una palabra, haré que instalen ahora mismo la tecnología que traje! Esto es de vida o muerte para tu torneo, piénsalo bien.
Patricio tenía ambas manos apoyadas en la puerta de cristal, bloqueando a Mariana.

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