Las expresiones en los rostros de los presentes eran una mezcla de conmoción y absoluta perplejidad.
Tenían las bocas abiertas, la mirada fija y los ojos vidriosos, intercalando su atención entre Kiara y la pizarra blanca repleta de ecuaciones matemáticas.
Estaban maravillados.
¡Lo habían entendido!
Ese vacío lógico que los había atormentado durante días, que los había hecho arrancarse el cabello de frustración sin poder avanzar ni un milímetro en la estructura principal del proyecto...
Con la explicación de Kiara...
Sintieron como si un velo se hubiera descorrido de sus mentes. Una iluminación total y repentina los golpeó a todos a la vez.
Y entonces...
El silencio se rompió con una ovación ensordecedora, acompañada de gritos y aplausos eufóricos.
—¡Ahhhh! ¡Lo entendí! ¡Maldita sea, lo entendí todo!
—Dios mío, ¿cómo podía ser tan sencillo? ¿Tenía el cerebro fundido estos últimos días o qué? ¡Estuve atascado, pero ahora... ahora todo tiene sentido!
—¡Eres una deidad! ¡Eres de otro mundo!
—¡Diosa Kiara! ¡Diosa Kiara! ¡Diosa Kiara!
Los rostros de los estudiantes estaban rojos de la emoción. Miraban a Kiara con una adoración irracional, el tipo de devoción religiosa reservada solo para los ídolos intocables.
Uno de los jóvenes se puso de pie e inclinó el torso en una profunda reverencia hacia Kiara.
Le siguió el segundo, el tercero, el cuarto...
Hasta que prácticamente todos se levantaron.
Con solemnidad y gratitud sincera, se inclinaron ante ella al unísono.
Las voces de algunos incluso temblaban de emoción, al borde de las lágrimas.
Kiara permaneció en su sitio, recibiendo su muestra de respeto con total naturalidad. No mostró signos de soberbia ni falsa modestia.
—Vuelvan a sus áreas a escribir el proceso —dijo con calma—. Calculo que la energía debería regresar en cualquier momento.
La multitud, conmovida, asintió rápidamente.
—¡Sí! Tiene razón, tenemos que ir a escribir los apuntes antes de que se nos escape la idea.
—¡Corran! ¡Aprovechen que tenemos la mente fresca!
—¡Muchísimas gracias, nos retiramos!

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