¿Pero qué más podía hacer?
Tenía que seguir guiándola, aunque fuera a la fuerza.
Como Pamela no podía decirle directamente lo que tenía en mente, tuvo que usar un camino más sutil.
—Sabri, ahora mismo todos esos participantes ven a Kiara como a una diosa. ¿De verdad crees que se dejarán sobornar por ti?
La expresión de Sabrina cambió. Esas palabras le cayeron como un balde de agua fría.
—Además... —suspiró Pamela—, mañana es el último día de la competencia. Aunque lograras sobornar a alguien, no hay garantías de que podamos terminar el experimento y redactar el informe final para entregarlo a tiempo. El tiempo lo tenemos en contra.
—Esto no sirve, aquello tampoco... ¡¿entonces qué diablos hacemos?! —se exasperó Sabrina.
Pamela miró a su alrededor. Solo estaban ellas dos en toda la playa.
Sus ojos brillaron con astucia y, bajando la voz al máximo, murmuró:
—Sabri, el señor Benítez nos dijo que, para ganar, podemos dejar de lado los métodos convencionales...
—Hace un momento, Kiara presumió que terminarían todos los experimentos esta misma noche. Cuando amanezca, el Equipo Esperanza será el primero en la isla en completar todo.
Los ojos de Sabrina se movieron rápidamente, y un destello de comprensión iluminó su mirada. Empezó a murmurar para sí misma:
—Es cierto... si no podemos ganar con las reglas del juego, ¿por qué no buscar otra manera?
—Si ellos terminan hoy y mi papá se entera de eso, me va a matar a golpes.
—Pero... ¿y si la primera persona en terminar el experimento soy yo? ¿Y si es nuestro Equipo Atrapasueños?
—¡Exacto! ¡La primera en completar el experimento debo ser yo! ¡Debe ser el Equipo Atrapasueños!
—¡Quienes tienen que ganar esta competencia somos nosotras!
Cuanto más hablaba, más se emocionaba Sabrina.
Agarró las manos de Pamela con fuerza, sus ojos brillando con pura locura.
—Pamela, ahora estamos en el mismo barco. ¡Si el Equipo Atrapasueños pierde, mi papá también te hará trizas! Mi hermano es un inútil, no puede protegerte y te aseguro que tampoco lo hará.

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