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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1117

—Así es —dijo Mariana Moreno, con los ojos llorosos de la emoción—. Esta vez la victoria es nuestra. Además... seguro el país usará esto como modelo de investigación. Cuando eso pase, todos los que venimos de la pobreza por fin saldremos adelante y nos convertiremos en personas con nombre y apellido.

El grupo se miró con complicidad y sonrieron.

Estaban profundamente conmovidos.

Luego, todos se giraron hacia Kiara.

—¡Todo esto es gracias a nuestra capitana! ¡Ella nos llevó a la victoria sin que tuviéramos que sudar una gota!

Kiara estaba apoyada contra la mesa de trabajo, jugando con una memoria USB roja entre los dedos. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Ustedes también hicieron un gran trabajo.

Afuera, junto a la ventana.

Sabrina rechinaba los dientes, volviéndose loca de los celos.

¡Cuánta falsedad!

¿Y qué si habían terminado los datos antes de tiempo?

Se daban tantas ínfulas...

Qué récord mundial ni qué modelo para el país.

¡Bah!

¡Qué descaro!

Apretó los puños, intentando contener su furia. Su mirada era pura maldad.

Que celebraran ahora, que les iba a durar muy poco.

¡Esos datos y esos informes pasarían a ser de ella, de Sabrina Benítez, y de su Equipo Atrapasueños!

Pamela, por su parte, estaba extasiada al confirmar que esa maldita de Kiara realmente había terminado los informes.

Ninguna de las dos se dio cuenta de que la conversación adentro sonaba exagerada, casi como si estuvieran leyendo un guion de telenovela.

—¡Ay, ya casi son las diez! ¡Es hora de apagar las luces! —gritó Rosana con tono dramático—. Deberíamos regresar a los dormitorios rápido y entregar esta memoria USB mañana.

—De acuerdo —respondió Kiara, arrojando la USB descuidadamente sobre la mesa—. Vámonos a descansar.

Santiago miró la memoria.

—Capitana, ¿vas a dejar los datos ahí tirados? ¿No sería mejor que nos los lleváramos al dormitorio?

—Déjalos ahí —dijo Kiara con voz perezosa, dándose la vuelta para dirigirse a la puerta del laboratorio.

Rosana la siguió como un cachorrito.

—¡Tiene razón! Con la seguridad que hay en la isla, ¿quién se atrevería a robar? Además... todos aquí somos personas honorables. ¿Quién sería tan despreciable, rastrero, basura, asqueroso y sinvergüenza para hacer algo así?

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