Pamela Gómez abrazaba sus rodillas, con la cabeza gacha.
Las lágrimas caían por sus mejillas.
No se atrevía a sollozar en voz alta, así que se tragaba el dolor, llorando en silencio.
...
En el crucero de lujo.
Afuera se escuchaba el ruido y la celebración de los demás competidores.
Pero el camarote VIP en el último piso era un espacio tranquilo y acogedor.
El gran ventanal mostraba el mar infinito, y los rayos del sol entraban, creando un ambiente cálido.
La mesa estaba llena de platillos que se veían, olían y sabían deliciosos.
Eran puros platillos que le encantaban a Kiara.
Joaquín le acercó la silla y la invitó a sentarse:
—Estos días en la isla seguro que no comiste bien.
Le sirvió un tazón de sopa y se lo acercó con un tono tierno y cariñoso:
—Todo lo preparé yo mismo, y son tus favoritos. Come todo lo que quieras, necesitas recuperar energías.
Kiara lo miró por un segundo y no se hizo del rogar.
Tomó los cubiertos y empezó a comer con ganas.
Después de un par de bocados, levantó una ceja:
—¿Tú lo cocinaste?
Joaquín cocinaba muy bien, y el sabor era exactamente de su gusto.
A ella realmente le encantaba la comida que él preparaba.
Joaquín asintió y, mientras le servía más comida, le sonrió:
—Para conquistar el corazón de una mujer, primero hay que conquistar su estómago. Por supuesto que tenía que practicar en la cocina, para ganarme tanto el corazón como el paladar de mi Kiki.
Kiara curvó los labios en una pequeña sonrisa y siguió comiendo.
Joaquín no dejaba de servirle comida, pelarle los camarones, servirle más sopa...
Cuando terminó de comer, Kiara dejó los cubiertos y se recostó en la silla, muy satisfecha.
Qué delicia.
Joaquín la miró; parecía una gatita perezosa después de un buen banquete. Sus hermosos ojos brillaban con una luz en la que cualquiera podría perderse.

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