El anciano y el médico ni siquiera tuvieron tiempo de soltar un gemido antes de que los ojos se les pusieran en blanco y cayeran desmayados sobre el lujoso sillón.
Joaquín arrastró los dos cuerpos y los tiró en una esquina oscura del palco sin el menor miramiento.
Y así, con total descaro, se apoderaron del palco VIP más exclusivo del lugar.
La vista desde allí era espectacular.
Se podía observar cada rincón del salón de subastas.
El lugar tenía un diseño circular, dividido en siete niveles.
En el centro del nivel más bajo estaba el escenario de exhibición.
A su alrededor, guardias armados hasta los dientes vigilaban con los rifles apuntando hacia afuera.
Los seis niveles superiores estaban repletos de palcos cerrados.
Desde afuera era imposible ver el interior, pero quienes estaban dentro tenían una vista perfecta de lo que ocurría abajo.
El nivel de privacidad era absoluto.
Nadie sabía qué monstruo del poder se ocultaba detrás de cada cristal.
Kiara se dejó caer en el sofá de cuero genuino. Echó un vistazo de reojo a los dos hombres desmayados en la esquina y enarcó una ceja.
—Ese tipo... me resulta bastante familiar.
Joaquín le echó un vistazo rápido y respondió con naturalidad:
—Es Joseph, el Duque de Oricalco. Controla más de la mitad de la economía de su país. Hace un tiempo desapareció del ojo público argumentando problemas de salud y diciendo que estaba en reposo. Quién diría que terminaría escondido aquí.
—El Duque de Oricalco... —Kiara soltó una carcajada seca—. Vaya, parece que los invitados de hoy no son unos simples novatos.
—Al final del día, todos quieren comprarse unos años más de vida —dijo Joaquín, situándose detrás de ella y clavando la mirada en la pantalla gigante del palco.
La pantalla mostraba la transmisión en vivo del escenario.
La subasta ya estaba en su punto de ebullición.
El presentador, vestido con un elegante traje negro, estaba en el escenario elogiando el suero de modificación neuronal como si fuera un milagro divino. El líquido azul fosforescente brillaba dentro de la ampolla.
Entonces, el pequeño frasco fue colocado en el centro del pedestal.
En el instante exacto en que se abrió la puja...
Las luces de oferta en todos los palcos comenzaron a parpadear como locas. Los números en la pantalla principal se dispararon a una velocidad espeluznante.

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