Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1162

Nuevo hogarIndomable: No soy la chica que echaste ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Y sumado a eso, la subasta por aquel suero neuronal que alteraba las células y prolongaba la vida había llegado a un punto crítico.

Sin embargo, desde el palco del duque Joseph no se había presionado el botón ni una sola vez.

Eso no era normal.

El duque Joseph era famoso por su arrogancia y prepotencia. Si quería algo, simplemente lo tomaba.

Ese suero era su única esperanza de vida. Con su personalidad obsesiva, era imposible que esperara hasta el último segundo para dar el golpe final.

A El Enviado se le subió la sangre a la cabeza y las venas le saltaron en la frente.

Por fin lo entendió.

—¡Que se reúna todo el Equipo A! —rugió—.

—¡Ahora mismo, vengan conmigo! ¡Rodéen la sala VIP del piso superior!

El subordinado se estremeció y dio la orden de inmediato.

Los treinta hombres del Equipo A, fuertemente armados y ocultos bajo oscuras capas, se congregaron y avanzaron como sombras letales hacia la cima.

El Enviado se detuvo detrás del escuadrón. Con una mirada asesina, levantó la mano hacia la puerta cerrada y ordenó con voz glacial:

—Echen abajo la puerta.

¡Iba a despedazar a esos malditos intrusos con sus propias manos!

A su señal, un miembro corpulento del Equipo A dio un paso al frente.

Esa puerta de máxima seguridad, hecha con los mejores materiales antibalas del mundo, voló en mil pedazos de una sola patada.

Los escombros saltaron por todas partes, levantando una densa nube de polvo.

El Enviado aguardó con una sonrisa macabra detrás de sus hombres, clavando la vista en el interior.

Quería ver el pánico en los rostros de esos intrusos insolentes.

Quería verlos correr como ratas asustadas.

Incluso, que se arrodillaran a suplicar piedad.

¡Iba a descubrir quién tenía las agallas de meterse con Ocaso Negro!

Cuando la mirada gélida de la chica se cruzó con la suya, ella curvó sus labios rojos en una sonrisa.

—Vaya, ¿hasta ahora nos descubren?

Suspiró suavemente, arrastrando las palabras con un tono perezoso y lleno de sarcasmo:

—Sigues siendo demasiado lento... Señor Enviado.

Había usado el título correcto.

Pero al salir de sus labios, ese tono exagerado era la peor de las burlas.

El Enviado, aún detrás del escuadrón, clavó la vista en el rostro de la chica.

Por alguna razón inexplicable, al mirarla, sintió que un miedo profundo e irracional le recorría la espina dorsal.

Era una presión abrumadora y peligrosa.

Ese sentimiento lo hizo enfurecer.

Hacía años que no sentía ese tipo de terror paralizante bajo la mirada de otra persona.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste