Por fin la había reconocido.
¡Esta chica era La Muerte Viviente del Sector 7!
No podía creer que la figura más temida del submundo fuera tan joven.
¿Siquiera tenía veinte años?
Hace cuatro años... ¿era apenas una niña?
Y pensar que hace unos momentos, en la sala de control, se llenaba la boca alardeando.
Diciendo que quería enfrentarse a ella otra vez.
Se creía tan superior, seguro de que, después de cuatro años y con su cuerpo modificado por Ocaso Negro, la aplastaría sin piedad.
Pero ahora...
Al tenerla frente a frente y saber que era ella.
El terror que se filtraba desde sus huesos era imposible de ocultar.
Esta Muerte Viviente...
Hace cuatro años casi lo manda a la tumba.
Y ahora, había logrado infiltrarse en la isla, paralizando por completo su impenetrable sistema de seguridad.
Kiara enarcó una ceja y sonrió.
Caminó lentamente, pisando los cuerpos caídos, hasta detenerse frente a él.
El Enviado quería huir por instinto.
Aunque su mente le gritaba que ahora era un mutante avanzado y no debía temerle.
Su cuerpo temblaba de manera incontrolable.
Sin embargo, estaba en el territorio de Ocaso Negro, rodeado de sus propios guardias.
Si retrocedía hoy, nunca más tendría un lugar en la organización.
Se obligó a quedarse clavado en el suelo, apretando los dientes.
Kiara lo miró a los ojos.
—Osamenta.
Pronunció su antiguo nombre en clave.
—Hace cuatro años en el Sector 7 te dejé escapar con un hilo de vida.
Kiara miró su rostro desfigurado por asquerosas venas moradas y rio con desprecio.
—Hoy quiero ver qué tan útil es esta chatarra mejorada que te dio Ocaso Negro.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste