—¡Todos los demás equipos representantes de Solarenia lograron completar la fase inicial del modelo de investigación de esa prueba demencial!
—¡Incluso hubo equipos que profundizaron a niveles mucho más complejos, y los informes que entregaron han supuesto un avance increíble para la medicina en nuestro país!
El profesor Cáceres se quedó atónito, levantó la cabeza de golpe para mirar a Kiara y dijo, con la cara llena de incredulidad:
—Acaso...
Su voz empezó a temblar:
—Que nuestros estudiantes hayan tenido un desempeño tan impecable en la ronda final... ¿Todo fue gracias a ella?
El profesor Morales asintió con fuerza, su voz cargada de orgullo y asombro:
—Exactamente.
—Fue Kiara quien compartió generosamente su línea de razonamiento y el núcleo de la resolución del problema.
—¡No solo arrasó obteniendo el primer lugar por su cuenta, sino que arrastró a toda la delegación de Solarenia a completar la prueba con resultados aplastantes!
—Estos genios orgullosos no la siguen por compromiso; la respetan y la idolatran desde el fondo de sus corazones.
El profesor Cáceres soltó el aire de golpe, maravillado.
Miró a la distancia a aquella chica que, pese a estar en el centro de todas las miradas y la adulación, seguía manteniendo su típica actitud fría y desinteresada.
El nivel de asombro que sentía era indescriptible.
Cuanto más la observaba, más se daba cuenta de que los talentos de aquella joven de veinte años eran insondables.
Terminó la videollamada con el profesor Morales.
Las autoridades del comité hicieron una breve aparición para dar unas palabras de ánimo.
Los treinta y cinco representantes de Solarenia caminaron hacia la puerta de embarque.
Alineados a la perfección.
Todos mantenían la espalda recta.
Con las miradas ardiendo de determinación, ¡y todos clavados en la persona que iba al frente... Kiara!
El profesor Cáceres volvió a sentir un nudo de emoción en el pecho.
Estos chicos eran lo más brillante del país, y ahí estaban, arremolinados alrededor de Kiara, llamándola Kiarita con devoción y respeto.
De pronto, sintió que para esta competencia en Hesperia...
Estaba rebosante de confianza.
Kiara, con una mano en el bolsillo, levantó la vista lentamente y barrió con sus fríos y hermosos ojos los rostros de los jóvenes frente a ella.
Habló con tono calmado:
—Recuerden a qué país están representando.
—Recuerden la bandera que llevan en el pecho.

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