El hombre de Hesperia alzó la mano con una sonrisa sádica en el rostro.
—¡Acaben con todos!
Ante su orden, la docena de Bio-quimeras soltaron un gruñido ronco y antinatural y se lanzaron de lleno contra el Comando Draco.
Justo en ese milisegundo...
El sonido de unos pasos rompió el tenso ambiente.
Tac—
Tac—
No era un sonido pesado, tampoco sutil.
Pero en la inmensidad de ese oscuro estacionamiento subterráneo, resonó con una claridad abrumadora.
Era como si cada paso pisara directamente sobre el corazón de los presentes.
Un eco rítmico, como un martillo golpeando implacablemente.
Las Bio-quimeras que estaban a punto de abalanzarse sobre el escuadrón, detuvieron su ataque.
Todos giraron la cabeza hacia el origen de ese sonido.
Bajo la tenue luz parpadeante, una silueta delgada y elegante emergió lentamente de las sombras, con una mano en el bolsillo.
Era una chica de figura esbelta, envuelta en una sudadera negra demasiado grande para ella.
Llevaba unos pantalones cargo negros.
La capucha le cubría gran parte del rostro.
Caminaba con paso relajado, casi perezoso.
No iba rápido, de hecho, se movía con absoluta calma.
Sin embargo, a su alrededor flotaba un aura de soberbia y letalidad tan densa que helaba los huesos.
A pesar de estar completamente sola, avanzaba con la presencia de un ejército imparable.
Logró que, por un segundo, aquel sangriento y caótico estacionamiento quedara en completo silencio.
El líder de Hesperia frunció el ceño al ver a la intrusa.
Ese era el nivel más restringido del Centro Tecnológico. Que un escuadrón de fuerzas especiales de Solarenia lograra colarse ya era bastante malo.
¿Pero cómo demonios había llegado esa niñita hasta ahí?
—¿Quién eres tú? —escupió el hombre de Hesperia.
La chica se detuvo.
Lentamente, levantó la cabeza.
Bajo la capucha oscura, se reveló un rostro extremadamente joven y deslumbrantemente hermoso.
Desde aquel instante supo que la energía de esa chica no era la de una persona común.
Pero jamás imaginó verla en un lugar como ese.
¿Acaso los había seguido?
¿O... su objetivo siempre fue el Centro Tecnológico?
Los demás soldados del Comando Draco no tenían ni idea de todo eso, y al ver que quien había interrumpido era solo una muchacha joven, se alarmaron.
—¡Niña, esto es peligroso, huye!
—¡Este no es lugar para ti, vete de aquí ya! —gritó otro con voz ronca.
—¿Me escuchaste? ¡Corre hacia la salida y no mires atrás!
—¡Nosotros los distraeremos, corre!
Estaban cubiertos de sangre de pies a cabeza, atrapados en una trampa mortal sin escapatoria.
Y aun así, su primer y único instinto al ver a Kiara fue ordenarle que se salvara.
Para estos soldados de Solarenia, no importaba por qué la chica estaba ahí ni qué secretos guardaba.
Ante esas abominaciones inhumanas...
¡Ella no era más que una compatriota indefensa que necesitaba ser protegida!

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