Dante apretó los dientes y aguantó el dolor sin soltar un solo quejido.
Aprovechó el impacto para retroceder con rapidez y volver a integrarse en el círculo defensivo de su escuadrón.
Metió la mano en su chaleco, sacó una pequeña caja metálica negra y se la plantó en el pecho a uno de sus compañeros más jóvenes, dándole una orden con voz inquebrantable.
—¡Lobo, llévate esto y sal de aquí!
—¡Los cuatro te cubriremos! ¡Tienes que salir, cueste lo que cueste!
Lobo, el soldado más joven, se quedó paralizado. Apretó la caja de metal con fuerza mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
—¡Capitán! ¡No los voy a abandonar!
—¡Eres el más rápido, sal de aquí ahora! —le gritó Dante, mirándolo a los ojos con fiereza—. Esta caja tiene que llegar intacta, ¿me escuchaste? ¡Es una orden!
Lobo aferró la caja, con las venas del cuello palpitando de pura impotencia.
—¡Capitán, usted es más fuerte que yo, si se la lleva tiene más probabilidades de lograrlo! ¡Nosotros nos quedamos a cubrirlo!
—¡Cállate, es una orden! —rugió Dante, cortando su queja de tajo—. ¡Obedece y no me obligues a repetirlo!
—¡Esto es un asunto de seguridad nacional, tiene que volver a casa sin un solo rasguño!
—¡Incluso si te mueres hoy, te aseguras de que esto salga de aquí!
A Lobo se le nubló la vista por las lágrimas.
Vio a su capitán y a sus hermanos de armas cubiertos de sangre. Sus labios temblaban y su pecho subía y bajaba con agitación, pero al final asintió con los ojos enrojecidos y la voz rota.
—¡Entendido! ¡Le juro que entregaré esto o moriré en el intento!
El soldado a su lado le dio un empujón fuerte y le gruñó por lo bajo.
—¡Déjate de cursilerías! ¡Te vamos a cubrir, así que sal de aquí vivo!
—¡Exacto! —añadió otro, limpiándose la sangre de la boca con una sonrisa desafiante—. No pongas cara de viuda. ¿Cuándo has visto al Comando Draco tirar la toalla?
La mirada de Kiara se suavizó ligeramente al presenciar aquello.
El Comando Draco.

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