La voz de Kiara sonó indiferente:
—Capitán Dante.
Esteban se sorprendió.
Ese número era su teléfono privado y se mantenía bajo absoluta reserva.
Frunció el ceño:
—Capitana Kiara, ¿cómo conseguiste mi número personal?
Kiara respondió con calma y total descaro:
—¿No eres el oficial de seguridad que me asignaron las autoridades? ¿Cómo no voy a tener tu número?
Esteban:
—... ¿Pasa algo?
Justo tenía en la mano el USB que Kiara le había lanzado, preparándose para regresar con su equipo y analizar la información.
Apenas llevaba un par de minutos conduciendo cuando entró la llamada.
¿Había pasado algo grave?
Kiara miró los cadáveres en el suelo y habló como si fuera lo más normal del mundo:
—Supongo que no te has alejado mucho. Me surgió un poco de trabajo por aquí.
Esteban:
—¿Qué?
Kiara:
—¿No eres mi oficial de seguridad? Ven y ayúdame a limpiar un poco. De todos modos, tu Comando Draco es experto en este tipo de cosas, ¿no?
Esteban captó de inmediato que ese limpiar no se refería a las labores de limpieza normales.
Entrecerró los ojos:
—¿Pasó algo allá? ¿Fueron los de Hesperia?
—No es nada, ya está resuelto. Ven rápido a limpiar esto —respondió Kiara con calma.
Hizo una pausa y añadió:
—Y no llames la atención.
Dicho esto, colgó directamente.
Esteban miró la pantalla del teléfono con la llamada terminada y le latió la sien.
¡Él, el mismísimo capitán del Comando Draco, la fuerza más de élite de Solarenia!

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