—La secuencia de autodestrucción también está activa ahí.
Su tono era grave, pero sus movimientos eran un borrón de velocidad—. Les abriré camino a los chicos de Draco ahora mismo.
Sus diez dedos tecleaban sin descanso.
Aprovechando la puerta trasera dejada por el virus de Kiara, secuestró la escasa energía que aún corría por ese sector.
—Comando Draco, diríjanse al cuadrante D4 inmediatamente —ordenó Joaquín por el intercomunicador.
Las pesadas puertas de acero, que ya habían comenzado a sellarse, se detuvieron milagrosamente durante unos valiosos segundos.
Apenas un parpadeo de tiempo.
Pero para esos soldados de élite, era una eternidad.
En las profundidades.
Dos de los agentes de Draco se deslizaron por la estrecha brecha que Joaquín les había abierto.
La habitación era pequeña y claustrofóbica.
Apenas albergaba una hilera de cajas fuertes de grado militar.
Sin embargo, el fuego ya había devorado la mitad del lugar.
El metal de las cajas ardía al rojo vivo.
Los soldados ignoraron el calor abrazador y forzaron las cerraduras para sacar todo lo que pudieran.
Pero solo lograron rescatar una fracción de los documentos antes de que el resto se hiciera cenizas.
—¡Atención, encontramos archivos confidenciales clasificados! —informaron de inmediato.
—Hay unas notas manuscritas muy antiguas.
—Un manifiesto de rutas de contrabando internacional para sujetos de prueba.
—¡Y una tarjeta de acceso de máxima seguridad!
Guardaron todo en una caja ignífuga, escaneando los documentos vitales para enviarlos a la sala de control.
Cuando Joaquín vio la portada escaneada de uno de los expedientes... su mirada se endureció de golpe. Los bordes estaban chamuscados, pero el nombre aún era legible:
Julia Vargas.
Los dedos de Joaquín se congelaron sobre las teclas.
Sus profundos y seductores ojos se ensombrecieron al instante.
Álvaro, que estaba a su lado, también alcanzó a leerlo, y se quedó de una pieza.
—Esa es...
El nombre de la abuela de Kiara.
La única persona en toda la familia Zúñiga que le había mostrado un afecto sincero, que había sido su refugio y su luz en la oscuridad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste