Ese tono realmente sonaba a puro victimismo.
Los tres hermanos, que ya lo aniquilaban con la mirada, pusieron caras aún peores.
Damián no aguantó más y saltó.
—¡Joaquín, eres un completo manipulador! ¡Deja de hacerte la víctima frente a mi hermanita! ¡Te juro que me opondré a lo de ustedes dos!
Esteban, sin ninguna expresión en el rostro, acotó:
—¿Quién es tu hermano? Me opongo también.
Álvaro esbozó una sonrisa amable, pero sus ojos brillaban con peligro.
—Señor Carrasco, veo que sus talentos teatrales son cada vez mejores.
Joaquín sonrió con modestia y un rostro de pura inocencia.
—La práctica hace al maestro. Con tal de ganarme un lugar a su lado, esto no es nada.
Damián soltó una carcajada de indignación.
—¡Manipulador descarado! ¡Y encima te enorgulleces!
Fernando Carrasco estaba sumamente satisfecho con la actuación de su nieto y asentía sin parar.
—¡Bien, muy bien! ¡Digno de la familia Carrasco!
¡Para conquistar a la mujer que amas, hay que ser así de sinvergüenza! Lo más importante era llevarse a la chica a casa. El orgullo y la dignidad podían tirarse a la basura en cualquier momento.
El rostro de Regino Ibarra se oscureció.
—¿Qué tiene de bueno? ¡Toda su familia Carrasco son un montón de zorros tramposos!
—Zorros o no, mientras logre el compromiso oficial y Kiarita sea mi nieta política, no me importa que me insultes —replicó Fernando Carrasco.
—¡Viejo descarado! ¡Mi nieta todavía no ha aceptado! —bramó Regino.

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